El camino hacia el autoconocimiento (El lenguaje simbólico de lo inconsciente)

El tarot es una baraja de cartas llena de simbología, con la que se puede jugar y, a su vez, predecir el futuro. Como ocurre con todas las ciencias de adivinación o ciencias ancestrales, resulta misterioso y, a la vez, incierto datar su origen, ya que este está marcado por numerosas conjeturas, pero ninguna es capaz de concretar un principio claro, debido a las escasas evidencias que han llegado hasta nosotros. Muchos escritores e investigadores de este arte señalan que el origen del tarot proviene del antiguo Egipto. Esta idea surgió a partir del francés Antoine Court de Gébelin, estudioso del tarot, quien relató en 1781 que había tenido un sueño en el que se encontraba en el templo de la Esfinge, en Egipto, rodeado de cartas del tarot pintadas en las paredes. Sin embargo, no pudo aportar ninguna evidencia que corroborara dicha visión. Otros autores señalan que el origen de las cartas del tarot se sitúa en Oriente y que llegó a Europa por medio de los cabalistas judíos de la ciudad de Fez, alrededor del año 200 a. C. Otro sector afirma que su nacimiento tuvo lugar en la Edad Media. La verdad es que muchas de estas consideraciones parten de la idea de que, en los símbolos de las cartas, pueden detectarse influencias tan variadas como ritos griegos, el gnosticismo, el neoplatonismo, la enseñanza hermética, antiguas filosofías árabes e índicas, así como elementos de los cátaros, la Cábala judía o el mazdeísmo. La baraja más antigua que se conoce es el tarot de Filippo Maria Visconti (1412–1447), y la más conocida, sin lugar a dudas, es la del Tarot de Marsella, compuesta por 22 Arcanos Mayores y 56 Arcanos Menores (siglo XV). Numerosas evidencias apuntan a que el tarot fue anterior a los naipes y que ambos estarían relacionados entre sí. Los naipes se extendieron por Europa mucho antes del siglo XV. Sin embargo, es bien sabido que durante la Edad Media, cuando el cristianismo activó lo que hoy conocemos como la Santa Inquisición, se llevaron a cabo numerosas campañas destinadas a erradicar cualquier creencia que no se ajustara a la doctrina impuesta, junto con todos sus instrumentos. Durante ese periodo, el ser humano y la historia —nosotros mismos— fueron sometidos de manera dictatorial al poder eclesiástico, borrando y quemando todas aquellas escrituras o pruebas consideradas paganas, y junto a ellas, a todas las personas que comulgaban con dichas creencias. Por ello, resulta extremadamente complejo otorgarle un origen concreto al tarot, ya que probablemente su auténtico principio haya sido borrado del plano físico.

El tarot está formado por 78 cartas divididas en Arcanos Mayores y Arcanos Menores, que pueden emplearse juntas o de manera separada en la lectura. Los Arcanos Mayores son 22 cartas que representan el camino de la conciencia dentro del árbol de la vida. Estos arcanos son también, en parte, proyecciones del inconsciente. Desde una perspectiva psicológica, este proceso permite identificar características, carencias y potenciales en las personas, objetos o sucesos que acontecen a nuestro alrededor. Los 22 Arcanos Mayores representan cada una de las etapas y transiciones de este viaje individual y arquetípico hacia el autoconocimiento de uno mismo y del mundo que nos rodea. El doctor suizo Carl Gustav Jung mostró un profundo interés por el estudio arquetípico, reconociendo en él una raíz conectada a los modelos primordiales del inconsciente colectivo. Esta clave interpretativa puede permitir el acceso a estados de conciencia ampliada, expandiendo la percepción humana. De este modo, las cartas del tarot se convierten en un mapa tanto del inconsciente individual como del inconsciente colectivo, facilitando el viaje hacia la autorrealización y el conocimiento de nosotros mismos y de la historia del ser humano. El Dr. G. Jung afirmaba: «Es el miedo a la psique inconsciente lo que no solo impide el autoconocimiento, sino que constituye el mayor obstáculo para una comprensión más amplia y para el conocimiento de la psicología.»

Los 22 Arcanos Mayores son representados de la siguiente manera: 0. El Loco: Simboliza el niño interno. 1. El Mago: Simboliza la conexión desde la tierra hacia el cielo. 2. La Sacerdotisa: Simboliza la intuición. 3. La Emperatriz: Simboliza la naturaleza. 4. El Emperador: Simboliza la sabiduría producto de la experiencia. 5. El Sumo Sacerdote: Simboliza la palabra. 6. Los Enamorados: Simboliza la integración humana. 7. El Carro: Simboliza los valores y la dirección del impulso. 8. La Fuerza: Simboliza el poder que otorga dejarse llevar. 9. El Ermitaño: Simboliza la soledad y la productividad que esta aporta. 10. La Rueda de la Fortuna: Simboliza el renacimiento. 11. La Justicia: Simboliza el bien, lo que es bueno para nosotros y los demás. 12. El Colgado: Simboliza la duda y la resistencia. 13. La Muerte: Simboliza la transformación. 14. La Templanza: Simboliza el autoconocimiento. 15. El Diablo: Simboliza la esclavitud a la lujuria y al materialismo. 16. La Torre: Simboliza el cambio profundo hacia la verdad interior. 17. La Estrella: Simboliza el poder interior. 18. La Luna: Simboliza lo invisible. 19. El Sol: Simboliza lo visible. 20. El Juicio: Simboliza la conciencia de uno mismo. 21. El Mundo: Simboliza la integración en la naturaleza personal sin tiempo.

Los Arcanos Menores están compuestos por 56 cartas, divididas en cuatro caminos, simbolizados por Espadas, Oros, Bastos y Copas. Todos los palos tienen una serie de cartas numeradas desde el as -uno- hasta el nueve, más cuatro figuras: la Reina, el Rey, el Caballo o Príncipe y una persona joven llamada Sota -infante-, que acompañan un recorrido de catorce cartas. A partir de estos arquetipos, se cree que las figuras representaban a una familia medieval acomodada o a una pareja real con un caballero y un criado. Existen numerosas interpretaciones acerca de a qué estaban asociadas estas cartas. Por ejemplo, se creía que los cuatro palos -oros, espadas, copas y bastos- procedían de los cuatro objetos sagrados de las leyendas del Santo Grial: la espada, el pentáculo -o estrella de cinco puntas-, la lanza y la copa. Sin embargo, tradicionalmente también se consideraba que representaban los cuatro símbolos que el profeta Ezequiel denominó los cuatro animales del Apocalipsis: el león, el toro, el águila y el ángel -el ser humano-. Los alquimistas de la Edad Media los equiparaban a los cuatro elementos -fuego, tierra, aire y agua- y a las cuatro estaciones -verano, primavera, otoño e invierno-. Los expertos modernos afirman que el recorrido simbólico de las cartas del tarot deriva de las cuatro clases sociales: las copas como símbolo de la Iglesia y la aristocracia; los oros, de los mercaderes y comerciantes; las espadas, de los guerreros; y los bastos, de los campesinos y terratenientes.

Una leyenda de los mitos irlandeses cuenta que existió una raza de semidioses conocida como los Tuatha de Dannan, que llegaron desde las tierras del norte y trajeron consigo cuatro objetos sagrados:

la piedra del destino -oros-, el caldero mágico -copas-, la espada del poder -espadas- y la lanza sagrada -bastos-. Oros: Los oros simbolizan la abundancia, la fortuna, el dinero y éxito en los negocios, Verano. Elemento Tierra. Sur. Espadas: Las espadas simbolizan los problemas, los obstáculos, los conflictos y la opresión, las penas, las peleas, los disgustos, los malentendidos, la fuerza y el orden autoritario. Otoño, Elemento Aire. Este. Copas: Las copas simbolizan el amor, la felicidad, la amistad, la creatividad, los ideales, la fertilidad y la intelectualidad. Invierno. Elemento Agua. Norte. Bastos: Los bastos simbolizan el trabajo, la inteligencia, el éxito profesional, los proyectos. Primavera. Elemento Fuego. Oeste.

El tarot no hace otra cosa que describir las fases o movimientos en la vida de cada ser humano. De la misma forma que el sol y las estrellas tienen sus propios movimientos dentro de su rueda cósmica, los seres humanos también disponemos de una rueda de conciencia. Recorrer los cuatro caminos -dominar los cuatro elementos-: el físico, el energético, el emocional y el mental, abre una nueva ruta -la de los Arcanos Mayores-, la del quinto elemento, el del espíritu -el alma-, el sendero final hacia el verdadero conocimiento de uno mismo.

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