La psicología del new age (La jerarquía de la luz)
A partir de las primitivas enseñanzas esotéricas, aparecieron otras como la alquimia, el hermetismo, pitagorismo y teosofía. La sociedad Teosófica fue fundada en 1875 por la rusa Helena Blavatsky y el coronel americano Olcott, en asociación con otros miembros teósofos. Allí expondrían los primeros principios que derivaron en las ideas actuales sobre este movimiento New Age. Las ideas se fundamentaban en un catálogo de creencias espiritualistas alternativas a las ideas cristianas tradicionales –reencarnación y karma: evolución espiritual individual-, y al materialismo filosófico –culto a la mente física-, por medio de prácticas como la canalización mediúnmicas, clarividencia o telequinesis, la capacidad de sanar por medio de cristales, astrología, telepatía y el camino de la oración y la meditación como herramientas para la iluminación. La visión pagana de los teosóficos estaba condecorada por la creencia de diferentes planos, dimensiones o niveles de vibración, vinculados a una función psíquica: sensaciones, emociones, pensamientos e intuición. Carl Gustav Jung –que no era teosófico- llevaría esta propuesta esotérica a los campos de la psicología y psiquiatría científica, desarrollando el concepto ‘transpersonal’ que más tarde los psicólogos transpersonales incluirían en sus enseñanzas: Plano físico o cuerpo físico, Plano eterico o cuerpo energético, Plano emocional o cuerpo emocional y plano mental o cuerpo mental. Por medio del cuerpo mental se podía conectar con las dimensiones superiores y comunicarse con entes espirituales. Ya que el cosmos está organizado bajo una jerarquía espiritual. Según los teosóficos, la jerarquía divina existe desde el origen de los tiempos. Y en todas las épocas han actuado con el hombre, y a través del hombre.
Dicen que hubo un tiempo en particular en el que los reinos espirituales de luz, los seres angelicales, los maestros y los seres naturales actuaban en estrecha relación con los humanos. Un tiempo pacífico y creativo. Pero parece ser que entonces el hombre comenzó a experimentar con el poder y la fuerza de su energía divina. Comenzaron a transformar las fuerzas con el fin de vivir experiencias nuevas, de esta manera dio comienzo la aventura espiritual. Condensaron la materia e introdujeron el circulo de la vida y la muerte. Debido a esta densificación materialista de la experiencia, las dos grandes fuerzas que actúan en el universo –femenina y masculina- se desequilibraron y comenzaron a medirse entre sí. Dando paso a culturas matriarcales que oprimieron a la fuerza masculina y culturas patriarcales que someterían de igual modo la fuerza femenina. El péndulo se oscilaba de extremo a extremo. Como el ser humano poseía voluntad propia, la jerarquía espiritual solo actuaba a través de aquellas personas que daban su consentimiento. El ser humano quería experimentar con la oscuridad y con el estar separado, con el fin de apreciar y venerar la luz. Pues solo aquel que ha sentido el dolor y la tristeza, aprende a valorar la salud y la alegría; solo el que ha deambulado por los parajes de la oscuridad, apreciará la luz; quién ha vivido en la necesidad, cuando los tiempos de abundancia lleguen, los valorará especialmente. En este sentido, el hombre adquiere una conciencia propia sobre sus energías.
Según los teosóficos, estaría llegando un nuevo tiempo, en el que el libre albedrio –voluntad propia- es cuestionado. En el que numerosas personas se abren de nuevo a las facultades espirituales originales, lo que ha permitido un mayor rango de actuación de la jerarquía espiritual, al ser percibida conscientemente. Helene P. Blavatsky fue capaz de llevar sus conocimientos esotéricos a un gran número de público, cuando antiguamente estos estaban necesariamente consagrados a un grupo selecto escolar. Ella decía que hablaba con maestros del reino espiritual que la acompañaban en su sendero del desarrollo, haciéndola participe de doctrinas muy importantes. Transmitió a sus seguidores como actuaban los maestros, y a partir de entonces fue difundida por el mundo entero como la doctrina de los maestros, ángeles y jerarquías espirituales. Los maestros serían intermediarios entre el hombre y lo divino. Como ellos caminaron una vez por la tierra en forma humana, pudieron desarrollar su conciencia. Esta agrupación de maestros encarnados ha sido denominada Hermandad Blanca. La jerarquía espiritual por el contrario son una composición innumerable de iluminados, de fuerzas espirituales y divinas. Habitan en reinos etéreos desde donde envían su radiación divina, estos reinos no serían todavía perceptibles para el ojo humano. Es decir, que oscilan en una frecuencia muy alta y muy rápida. Cuanto más rápido oscile una energía y más elevado sea el nivel en él lo que hace, más difícil puede ser captado por los sentidos del hombre, que oscilan a unos niveles más lentos, y por ello solo pueden captar frecuencias muy limitas. Todo aquel que esté dispuesto a abrirse a la comunicación interdimensional, a de viajar, desde un nivel interno, hacia esos lugares de luz. Cuando están allí, experimentan una poderosa fuerza amorosa curativa, además de adquirir enseñanzas sobre la verdad universal –valor, seguridad, consuelo, superación, inspiración, motivación, etc.-, y enriqueciendo la existencia cotidiana
En 1919 Alice Bailey se alejó de la sociedad teosófica y rompió cualquier vínculo con ellos. Las razones se debían acerca de la sumisión y la obediencia dogmática que los discípulos les debían a su maestro –H. Blavatsky-. A finales de ese mismo año comenzaría a escribir una serie de textos –supuestamente transmitidos telepáticamente por un maestro que vivía en el Tíbet de nombre Djwal Khul-, como el libro de Iniciación, humana y solar, dónde dio a conocer la existencia de la jerarquía espiritual que Madame Blavatsky había difundido entre sus discípulos, aunque jamás tan organizada como Bailey redactó. También expondría tratados sobre astrología esotérica, sobre el alma humana, la sanación, el mundo interno, los siete rayos, chacras, etc. A pesar de su posición en contra sobre la relación por sumisión entre maestro-alumno, acogió discípulos a partir del 1931, a los que les aseguraba que ella no era ninguna maestra, sino que Djwal Khul y su jerarquía de lama era quién le comunicaban todo lo que decía. Según ella, el deseo del maestro tibetano era establecer una escuela esotérica cuyos miembros tuvieran libertad, que no se vieran obligados a hacer juramentos ni cargar con compromisos, si no que se les entregaran la meditación, los estudios y enseñanzas esotéricas, y que a partir de allí ellos tuvieran libertad para hacer sus propios ajustes, e interpretar la verdad de acuerdo a sus capacidades. De esta manera no podrían ser influenciados ni perjudicados si escucharan charlas o leyeran libros, sin que en ellos faltara la percepción de reconocer la verdad. Esta escuela fue establecida en 1923, junto a la ayuda de su esposo Foster Bailey. Después de varios años, Alice cerró su escuela. Según ella, sus estudiantes –no discípulos- no habían aprovechado sus enseñanzas. Hasta les hizo llegar una carta en la que les recordaba que su trabajo no consistía en elogiar al ego y el orgullo del estudiante, sino más bien, hacerles ver sus defectos. En su libro Los rayos y las iniciaciones –tomo 5- dice así sobre sus estudiantes:
“¿Para qué les voy a dar el mantra de voluntad del primer rayo si lo único que hacen es repetirlo mecánicamente como loros?”
Una de sus más conocidas aportaciones fue el tratado sobre los siete rayos que compuso en cinco tomos –del 1936 al 1960-. En su obra, estos siete rayos –colores: el arcoíris- surgen de un gran rayo cósmico –del Sol- efectuado dentro de nuestros cielos, y ese lugar sería la Osa Mayor, haciendo oposición con las Pléyades –polo negativo-. La estrella Sirio, sería el sol central que equilibra tales radiaciones. Cada uno de estos rayos es receptor custodio de las energías provenientes de los siete sistemas solares y doce constelaciones. Según la teoría electromagnética, la luz no es más que un campo magnético que alterna y viaja muy rápidamente a través del universo en forma de ondas. Ella afirmó que los siete rayos que alcanzan la Tierra se originan dentro del Logos Solar –el sol-. Los siete rayos se enfocan en el Logos Solar, a través de Sirio y las siete estrellas en la Osa Mayor - y las estrellas hermanas de las pléyades, que se encuentran en la constelación de Tauro-, formando el Logos Galáctico, que tienen origen en la mente de Dios. También añade que los siete rayos se transmiten desde el Logo Solar a través del Dios que gobierna nuestro planeta, Sanat Kumara, y después a través de la jerarquía espiritual de nuestro planeta, La Hermandad Blanca. Estos siete rayos están asociados con un tipo diferente de energía oculta y color, e incluso a maestros ascendidos. Alice describe a estos maestros como seres que viven en cuerpos inmortales teniendo residencias en planos físicos, pero que cada maestro tenía la habilidad de viajar largos recorridos de incognito e incluso teletransportarse, atravesar paredes, volverse invisible e influenciar a los seres humanos viajando a través de los planos internos. La doctrina de los siete rayos es una filosofía esotérica de la que se cree que se practica al menos desde el año 600 a.C. en la India. Estos pueblos arios hablaban de los siete Prayapati o Rishi –era védica, 1200 a.C.- los hindús creen que estos seres habitan en la Osa Mayor. “Entra –Vishnu- en los siete rayos solares que se dilatan en siete soles y los siete soles en los que los siete rayos solares se dilatan en la consumación de todas las cosas”. También los caldeos tenían una doctrina basada en los siete Apkallu -2000 a.C.-. Las Pléyades pertenecen a la constelación de Tauro y la cara de este toro sagrado se dice que brilla con siete rayos de fuego. En el cristianismo la paloma –espíritu santo- es mostrada con una emanación de siete rayos, al igual que con la virgen María.
Helena Blavatsky describió a los siete rayos primordiales como un grupo de seres celestiales conocidos como dioses, ángeles o poderosos. Y aseguraba que el simbolismo fue adoptado por la religión judeocristiana como los siete ángeles de la presencia. Alice Bailey afirmaba que cada persona tiene un rayo de alma que permanece igual a lo largo de la encarnación, y también un rayo de personalidad que es diferente a cada encarnación.
Si naciste un Domingo, tu rayo personal es el azul Si naciste en Lunes, tu rayo personal es el amarillo Si naciste en Martes, tu rayo personal es rosa Si naciste en Miércoles, tu rayo personal es el blanco Si naciste en Jueves tu rayo personal es el verde Si naciste en Viernes, tu rayo personal es el Oro-rubí y si naciste en Sábado, tu rayo personal será el violeta.
Cada rayo es correspondiente con maestros –chohan-, planetas, ciclos, lugares, culturas, etc. La doctrina de los siete rayos serían la base de lo que Alice denominó psicología del New Age. El metafísico armenio Gurdjeff -1842-1949- también escribió sobre los siete rayos de la creación. Según el filósofo, estos siete rayos serían las siete manifestaciones de la energía en nuestro universo. En total serían siete rayos de encarnación y cinco rayos ocultos. Nuestra alma se encarna en el cuerpo de uno de estos siete rayos, dando como resultado el rayo oculto del alma, también estaría el rayo de la personalidad o vida, el rayo del cuerpo mental, el rayo del cuerpo emocional y el rayo del cuerpo físico. No hay diferencia jerárquica entre los rayos, solo tienen diferentes cualidades. Como se ha mencionado, cada uno de los siete rayos tienen un grupo de maestros ascendidos conectados a cada uno de ellos, estos maestros de los rayos han sido denominados Chohanes -trabajan con los atributos y principios correspondientes a sus rayos-. En definitiva, la doctrina de los siete rayos contempla de que el concepto de lo masculino y lo femenino son inseparables, con el fin de que la fuerza divina sea completa. Dios no sería solo nuestro Padre, sino que es Padre/Madre, Hijo/Hija y Espíritu Santo/Amor activo. Las fuerzas son equiparables entre sí, si se encuentran. Cada hombre lleva dentro de sí una parte femenina, de igual forma que toda mujer lleva dentro de sí una parte masculina. Cada persona debería entonces trata de poner sobre en una balanza ambas fuerzas en su interior, para adjudicarles un puesto equiparable y a la vez homogéneo -yin yang-. Esta es la base que según los teosóficos fructificará como una nueva era dorada llena de paz.