Cómo el lenguaje crea tu realidad (y por qué no ves lo que no puedes nombrar)

Vivimos en una sociedad de etiquetas. Le hemos dado un nombre a cada cosa a través de las palabras del lenguaje, para así poder diferenciar unas cosas de otras. Y al nombrarlas, les hemos asignado un lugar en el espacio. Nacimos y se nos instaló un programa llamado lenguaje, compuesto por palabras portadoras de nombres. Es decir, si el agradecimiento no formara parte de nuestro vocabulario lingüístico, no expresaríamos gratitud, porque no habríamos aprendido a hacerlo. ¿No podemos decir algo que no sabemos que existe? ¿O no sabemos que algo existe porque no podemos expresarlo? Ambas preguntas conducen al mismo resultado. Y ese resultado se basa en un algoritmo llamado condicionamiento.

Te han enseñado a hablar mediante una programación y te han dicho que pongas nombre a las cosas según lo programado. Podrías ser agradecido sin necesidad de que existiera una palabra que lo expresara; sería un hecho natural, innombrado, es decir, no se le habría dado un lugar en ningún contexto o ritual lingüístico. Los niños no aprenden a hablar por arte de magia, ni desarrollan el habla de manera natural, sino que les es impuesta. Cuando somos pequeños, nos basta la comunicación sensorial: nos comunicamos a través de sonidos, gestos y pensamientos. A medida que vamos creciendo y desarrollamos el habla a partir de los sonidos que hemos recibido, adquirimos el lenguaje. Nuestra madre y nuestro padre nos repiten: “mamá” y “papá” todos los días, nos hablan y corrigen constantemente, además de obligarnos a repetir las palabras una y otra vez hasta que sepamos expresarlas. Porque no habrá otra forma de comunicación. No habrá tiempo: el ruido de la palabra se sublevará ante el sonido del silencio. Porque cuando pusimos nombre a las cosas, nos desconectamos de los sentidos. Dejamos de imaginar y dimos a la realidad una perspectiva intelectual a través de la palabra, por medio de un lenguaje. Que el cielo sea “cielo” no significa que la realidad de lo que es sea lo que la palabra expresa. Es lo que el lenguaje imperante ha definido que representa. Y como el creador de la palabra es el creador de realidades, quienes crean la palabra crearán la realidad de lo que representa.

Definición en el diccionario de la palabra cielo:

1. Parte de la atmósfera y del espacio exterior vistos desde la Tierra, en la que están las nubes y en donde se ven el Sol, la Luna y las estrellas.

2. En determinadas religiones, lugar en que viven las almas de los justos después de muertos y donde gozan de felicidad completa y, según algunas creencias, de la presencia de Dios o de los dioses.

3. Cielo es también, según la Biblia y otras tradiciones, el firmamento, la bóveda celeste o el arco que cierra la tierra firme.

Es decir, estoy viviendo la realidad de lo que es el cielo, aquello que me han dicho que se llama cielo, por medio de una definición educativa que ha sido establecida política y científicamente, y también mediante una definición religiosa. ¿Estoy viviendo realmente la realidad de lo que es? ¿O lo que me han dicho que es? ¿O, lo que es aún más preocupante… lo que me han programado para creer que es? ¿Entonces, a través de qué realidad lingüística estamos viviendo nuestra realidad? Vivimos una realidad lingüística intelectual, basada en aquello que podemos ver, tocar y medir. Podemos nombrarlo y darle un espacio y un tiempo porque lo podemos ver, tocar y medir. Todo aquello que no se ve, no se toca y no puede medirse, no puede ser nombrado: está oculto. Porque no existe la palabra. Porque te han dicho que aquello que no ves es aquello que no existe; por ello, no puedes realmente ver lo que no se ve, porque para tu lenguaje y visión de la realidad no tiene existencia. Estás mostrando la realidad de tu lenguaje: lo que no se ve, no puede ser visto. Por ello, no lo veo. Pero que no sepas expresarlo y, a su vez, verlo no significa que no exista. El problema es que, como no puedes verlo, no puedes localizarlo en el espacio y, a su vez, tampoco puedes tocarlo. No existe para ti. Te han dicho que aquello que no ves es sobrenatural. Y lo sobrenatural es aquello que no puedes tocar ni medir. Y, con ello, una gama de palabras impuestas y predeterminadas que dan validez a la palabra “sobrenatural” y a la realidad de su existencia. La realidad es tal y como creemos verla, como la hemos aprendido o como nos han programado para nombrarla. Quien pone nombre a las cosas, domina la realidad de lo nombrado.

Next
Next

El conflicto entre el cerebro y el corazón