Definición en el diccionario de la palabra cielo:
1. Parte de la atmósfera y del espacio exterior vistos desde la Tierra, en la que están las nubes y en donde se ven el Sol, la Luna y las estrellas.
2. En determinadas religiones, lugar en que viven las almas de los justos después de muertos y donde gozan de felicidad completa y, según algunas creencias, de la presencia de Dios o de los dioses.
3. Cielo es también, según la Biblia y otras tradiciones, el firmamento, la bóveda celeste o el arco que cierra la tierra firme.
Es decir, estoy viviendo la realidad de lo que es el cielo, aquello que me han dicho que se llama cielo, por medio de una definición educativa que ha sido establecida política y científicamente, y también mediante una definición religiosa. ¿Estoy viviendo realmente la realidad de lo que es? ¿O lo que me han dicho que es? ¿O, lo que es aún más preocupante… lo que me han programado para creer que es? ¿Entonces, a través de qué realidad lingüística estamos viviendo nuestra realidad? Vivimos una realidad lingüística intelectual, basada en aquello que podemos ver, tocar y medir. Podemos nombrarlo y darle un espacio y un tiempo porque lo podemos ver, tocar y medir. Todo aquello que no se ve, no se toca y no puede medirse, no puede ser nombrado: está oculto. Porque no existe la palabra. Porque te han dicho que aquello que no ves es aquello que no existe; por ello, no puedes realmente ver lo que no se ve, porque para tu lenguaje y visión de la realidad no tiene existencia. Estás mostrando la realidad de tu lenguaje: lo que no se ve, no puede ser visto. Por ello, no lo veo. Pero que no sepas expresarlo y, a su vez, verlo no significa que no exista. El problema es que, como no puedes verlo, no puedes localizarlo en el espacio y, a su vez, tampoco puedes tocarlo. No existe para ti. Te han dicho que aquello que no ves es sobrenatural. Y lo sobrenatural es aquello que no puedes tocar ni medir. Y, con ello, una gama de palabras impuestas y predeterminadas que dan validez a la palabra “sobrenatural” y a la realidad de su existencia. La realidad es tal y como creemos verla, como la hemos aprendido o como nos han programado para nombrarla. Quien pone nombre a las cosas, domina la realidad de lo nombrado.