Vivimos en una sociedad falta de ideas renovables, todas han sido consumidas a través de los tiempos y de las generaciones. Haciendo apología de las mismas, según los intereses institucionales de las empresas que existieron/existen en las diferentes eras del hombre civilizado. Así que las ideas programas originales, a más inri, han sido fragmentadas, es decir que la política ha sido dividida en izquierdas y/o derechas, los espirituales en diferentes grupos de culto: católico, islámico, judío, budista, etc. Los científicos se han fragmentado en biológicos, astronómicos, ingenieros, arquitectos, agricultores, etc. Y los educativos en maestros espirituales, profesores, artistas, etc. Todos han fragmentado las ideas programadas originales, y de ahí la realidad social con la que hoy nos topamos, susceptible, de ser alterada por nuevas fragmentaciones. Ya que las ideas originales programadas como ‘vida’ o ‘muerte’, por ejemplo, no son fijas, sino más bien mutables y alterables en significante, en espacio y en el tiempo. Dadas a la fragmentación. Cuando no compartimos ideas, en el sentido de vivirlas, es porque estamos viviendo ideas, que el otro no las vive. Puedes practicar la espiritualidad como búsqueda de la verdad, y que tu padre la busque a través de las ciencias. Será una idea misma compartida fragmentada. Podrán generar conflicto, porque ambas piden un lugar en la realidad compartida pero que está dividida. La realidad de las ideas y su apología en pos de ser real varía con las generaciones. La esclavitud era una idea de la apología moral hace 300 años, y hace dos mil años el sacrificio humano era una idea habitual entre nuestros antepasados, la idea de tener un trabajo y formar una familia son ideas modernas, etc. Entre generaciones vivimos las fragmentaciones de las ideas programadas, que generan conflictos generacionales.