Te llevaron a la escuela y te dijeron que para ser responsable tenías que estudiar, debías de desarrollar una profesión para que cuando fueras mayor, y estuvieras solo ante el mundo, pudieras sostenerte a nivel económico y social, es decir, ser querido y admirado entre todos tus allegados. Nos dijeron, que para ser responsables teníamos que madurar. Teníamos que abandonar nuestra infancia y centrarnos en hacer algo rentable con nuestra vida. Te dijeron que para ser responsable debías respetar a tus padres y a tu familia, porque eran los únicos que te iban a amar. Nos dijeron que para ser responsables tendrías que encontrar a una pareja, una con la que poder casarte y tener hijos, para así permitir que la familia creciera. Nos dijeron que el ser responsable estaba ligado a la verdad del Status Quo, un modelo social, que, al parecer, había permitido a las sociedades de naciones un equilibrio entre la civilización. Todos fuimos a la escuela, y tratamos de ser responsables, de encajar con el modelo. Nos adaptamos, la mayoría. Y pudimos sobrevivir a la educación, sin darnos cuenta que habíamos sido totalmente adoctrinados bajo el modelo de naciones y “su responsabilidad” –la que es para ti-. Porque no haber sobrevivido a la escuela, no haber logrado adaptarse, no aprender la realidad del Statu Quo, suponía que estabas en contra de él. Serías señalado y vilipendiado, encerrado en el cuarto oscuro o atada tu mano izquierda, hasta que finalmente no tuvieras más remedio que ceder o ser expulsado, aislado, internado. La presión educacional te obligó a tomar responsabilidades. Nos impuso la responsabilidad y condicionó todas nuestras decisiones que nos hacen verdaderamente responsables. Así pues, no estoy siendo responsable si sigo la llamada de mis sueños, porque estos no me están dando dinero. Así pues, no estoy siendo responsable si no tengo pareja, porque no tengo estabilidad. Así pues, no estoy siendo responsable si no sigo a un partido político, porque no me importa la sociedad. La responsabilidad ha sido programada a partir del programa llamado Status Quo, que es ni más ni menos que la realidad imperante establecida. Pero lo que aparenta ser una verdad irrefutable cae como las hojas de otoño cuando aprendes las páginas de la historia. Porque contemplas cómo ese mismo Status Quo se mueve, moldea y transforma en el tiempo. No tiene una imagen definida, sino que es programada por la hegemonía reinante. Por lo que, lo que hoy resulta ser una irresponsabilidad, se convierte en la mayor de las responsabilidades. Esa es nuestra responsabilidad, el haber sido responsables.