El Mercado de la vida (donde comienza la programación)
uno puede escoger dónde quiere dar a luz, ya sea en su casa o en un hospital. Si el embarazo ha transcurrido con normalidad, en principio cualquier Estado permite la elección, aunque Estados como el español no la aconsejan. De todas formas, en esa elección hay que tener en cuenta, una vez más, que no todas las mamás o papás pueden permitirse el privilegio de prescindir de un equipo médico y su instrumental tecnológico. Ellos te lo recordarán. En cualquier caso, si escogieras dar a luz al bebé en casa, el doctor que haya llevado el proceso del parto redactaría un informe con todos los requisitos. Como puedes imaginar, esa lista incluye matronas y ambulancias, porque, claro, algo podría salir mal. Deberías disponer de los recursos económicos suficientes para poder llevarlo a cabo. De esta manera, todos terminamos naciendo en un hospital. En otros países como Reino Unido, Canadá, los Países Bajos o Islandia, estos gastos públicos están cubiertos por el Estado. El bebé es un producto del Estado. Ya sea que haya nacido en casa o en el hospital, el recién nacido será inscrito en el Estado correspondiente a su área de nacimiento. Aprenderá su lengua, sus tradiciones y su historia. Los Estados lo saben; por eso han estado a cargo de todo el sistema de natalidad de su sociedad: lo han programado.