El Mercado de la vida (donde comienza la programación)

uno puede escoger dónde quiere dar a luz, ya sea en su casa o en un hospital. Si el embarazo ha transcurrido con normalidad, en principio cualquier Estado permite la elección, aunque Estados como el español no la aconsejan. De todas formas, en esa elección hay que tener en cuenta, una vez más, que no todas las mamás o papás pueden permitirse el privilegio de prescindir de un equipo médico y su instrumental tecnológico. Ellos te lo recordarán. En cualquier caso, si escogieras dar a luz al bebé en casa, el doctor que haya llevado el proceso del parto redactaría un informe con todos los requisitos. Como puedes imaginar, esa lista incluye matronas y ambulancias, porque, claro, algo podría salir mal. Deberías disponer de los recursos económicos suficientes para poder llevarlo a cabo. De esta manera, todos terminamos naciendo en un hospital. En otros países como Reino Unido, Canadá, los Países Bajos o Islandia, estos gastos públicos están cubiertos por el Estado. El bebé es un producto del Estado. Ya sea que haya nacido en casa o en el hospital, el recién nacido será inscrito en el Estado correspondiente a su área de nacimiento. Aprenderá su lengua, sus tradiciones y su historia. Los Estados lo saben; por eso han estado a cargo de todo el sistema de natalidad de su sociedad: lo han programado.

Hasta los años 70, lo habitual era que los niños nacieran cuando la madre se ponía de parto, ya fuera un sábado de madrugada o un domingo al atardecer; no importaba si era un día festivo o poco habitual. Lo curioso es que, en los últimos cuarenta años, los niños han dejado de nacer en estos días particulares, como los fines de semana, y mucho menos en festivos. A pesar de que la Organización Mundial de la Salud señala que la inducción al parto debe reservarse para indicaciones médicas específicas y que ninguna región debería superar el 10 % de inducciones, la gran mayoría de los países llamados “avanzados” excede ese porcentaje en casi un 20 %. Las cesáreas también han gozado de barra libre, superando en más de un 20 % lo permitido. Se ha calculado que, al año, podrían realizarse 50 000 cesáreas y 117 000 episiotomías —o cortes vaginales—, la gran mayoría injustificadas, realizadas únicamente por las prisas y la programación. Es como si en los paritorios no hubiera tiempo para que el nacimiento fuera un hecho natural y espontáneo, permitiendo que la mujer diera a luz al bebé y la placenta al ritmo de sus propias fuerzas simbióticas No. Lo habitual, lo extendido e instaurado, es una programación: inducción, corte, extracción y sutura. Una producción en serie de bebés, un producto del Estado o la nación.

Previous
Previous

La identidad que heredaste sin darte cuenta

Next
Next

El cielo y la tierra nunca estuvieron separados.