¿Qué concepto tengo sobre mí mismo? Tengo un concepto asignado y determinado por mi nacimiento e infancia, y otro programado por la cultura a la que pertenezco. Si no soy de una determinada manera, no tengo acceso a ciertos niveles de felicidad. Es decir, si no tengo un cuerpo atlético, no puedo ser deportista; si no sé tocar instrumentos, no puedo ser músico; si no tengo una estrella, no puedo ser una figura de élite; si no sé mucho de matemáticas, no puedo ser científico, médico, ni nada por el estilo. Si no tengo ninguna de las aptitudes que la sociedad programada valora como profesiones de élite, pertenezco al ludus empresarial: donde gano dinero y paso el tiempo -mi tiempo, mi vida-. Si no, pertenezco al clan “de los olvidados”, aquellos que se aíslan y mueren en el olvido, esperando la muerte, porque la vida ha perdido significado para ellos. El concepto nace a partir de un criterio. Puedes cambiar el criterio en cualquier momento, y con ello cambia la perspectiva, que es lo que conforma el concepto racional. A pesar de tanta transformación, no has dejado de ser en ningún momento. Lo has sido en todos ellos. Es decir, has sido y eres todos los conceptos que tienes sobre ti mismo. El concepto que tienes sobre ti mismo se crea cuando lo crees. Es al creer todo lo que te han dicho sobre ti y tus posibilidades que ese concepto cobra forma.