El imperio romano una vez fue tan grande que tuvo que dividirse en dos, así aparecieron el imperio romano de Occidente y luego de Oriente –bizantino-. En este último, el griego seguía siendo una lengua común, y la palabra común en griego para “dios” es “theos”, que ha generado vocablos como ateo, teocentrismo, teísta, ateísmo, etc. En lengua vulgar romance, la palabra Dios la escribimos con mayúscula, porque la religión dominante es monoteísta, y sólo se concibe uno, pero que en latín se escribe con minúscula puesto que es un sustantivo común, ya que que en la religión romana se consideraban muchos dioses. Por otro lado, las palabras latinas deus y divus se originan ambas en una forma común del latín arcaico; deivos -dios- y su forma femenina deiva –diosa- que genera en el latín clásico, los vocablos dea y diva, y que asume en paralelo con el antiguo indio y el sánscrito deváh, o por ejemplo con el lituano devas o el céltico devos. Esta raíz indoeuropea de variantes -deyw-/ dyew- hace referencia a la luz diurna, y al brillo de la luz, que en el fondo mental indoeuropeo se atribuye a los dioses, también proporciona en latín el vocablo dies – día: parte luminosa del día, caracterizada por la luz solar y opuesta a la noche- y el nombre de la diosa Diana. En griego da también el vocablo delos -brillante, visible-, que da lugar al nombre propio de la isla griega de Delos, apelativo –Delio- que los griegos antiguos daban al dios Apolo, y a algún neologismo moderno de base griega como la palabra “psicodélico”, que significa “relativo a la manifestación visible de elementos psíquicos ocultos, relativo a la estimulación intensa de potencias psíquicas para que se manifiesten en formas visibles”. Antes de que “dios” fuera pater, es decir, Dios Padre, era algo así como un ente de luz. Todo aquel ser de luz era un dios, y generalmente se refiere a las luminarias que hay en el cielo.