El dios que muere y renace: origen de una narrativa universal
El culto al Dios Sol fue tan extendido que se narró su muerte, resurrección, ascensión y caída a través del proceso conocido como el punto vernal. El solsticio de invierno es una fecha sagrada dedicada al Sol, pues es en este instante cuando el sol renace tras haberse detenido por varios días consecutivos, dejándonos en la más absoluta oscuridad. Los romanos lo llamaron el Sol Invictus, porque cuando parece que el Sol se está muriendo, renace al siguiente día recordando al mundo que no puede morir. La continuidad eterna de la vida a través de ciclos de ascenso y descenso. La constante victoria de la vida sobre la muerte, que se manifiesta en forma de renacimiento durante el equinoccio de primavera, cuando el Sol parecía consolidarse en la tierra y esta florecía, hasta llegar al solsticio de verano, cuando el sol muestra todo su potencial.
Del solsticio de verano al de invierno, los días vuelven a hacerse cada vez más cortos y fríos. Desde la perspectiva del hemisferio norte, el Sol parece moverse hacia el sur, volviéndose cada vez más pequeño. Al acortarse los días y el fin de las cosechas, la tierra parece que se muere y que el sol la está abandonando. Antes del 22 de diciembre, la ‘muerte solar’ puede observarse completamente, y puesto que el sol se mueve hacia el sur continuamente por seis meses, también es el día que se encuentra en el punto más bajo en el cielo. Es entonces cuando el Sol deja de moverse hacia el sur, al menos por lo que se puede percibir, y lo hace por tres días. Durante estos días, el Sol permanece en las cercanías de la constelación conocida como la Cruz del Sur. Después de esos tres días de pausa, el 25 de Diciembre, el Sol gira un grado, esta vez hacia el norte, trayendo con él la luz a la Tierra.
El ascenso, descenso, muerte y renacimiento del Sol ha sido mencionado en los mitos de todas las civilizaciones conocidas. Los egipcios, por ejemplo, lo representaban en la figura del dios solar Horus, hijo de la diosa Isis , la Tierra, quien fue inseminada por el semen de Osiris, los Cielos. Los relatos posteriores al mito original, basados en los movimientos celestes y su relación con la Tierra, fueron transformándose con el paso del tiempo. Así surgió la epopeya de un dios vivo o líder humano solar invencible, nacido de una virgen: es decir, el Sol reencarnado en forma humana.
Cada una de estas reencarnaciones del Sol, hijos de una virgen, representaría una edad solar determinada por el punto vernal. En la Biblia hebrea se identifican tres edades solares, la de Tauro, Aries y Piscis, y se menciona una cuarta -Acuario-, a través de distintas figuras como Abraham, Moisés o Jesús de Nazaret. En los mitos ancestrales también pueden reconocerse otras tres edades -las de Géminis, Cáncer y Leo., y se hace referencia a una cuarta -Virgo-, mediante personajes como Hércules, la Esfinge, Enoc, Deucalión, Oannes, etc. Todas estas etapas estarían relacionadas con eras de conciencia, que afectan a la humanidad de forma interna, dependiendo del signo zodiacal que estemos transitando.