Los guardianes celestiales (El nacimiento del orden cósmico)
Los antiguos griegos creían que la diosa de la madre tierra -la Geografía: aguas, tierra firme, cuevas, etc.-, Gea, era amable y generosa, que daba vida y alimentaba a todos sus hijos, y tenía infinidad de ellos. De la unión de Gea y Urano, dios del cielo estrellado: el cinturón de las constelaciones -estrellas fijas-, nació una familia de dioses que recibieron el nombre de Titanes. Océano fue el dios titán del gran río oceánico que circundaba el mundo, y Tetis era su hermana y esposa. El titán Hiperión fue el primer dios del sol, y su hermana y esposa era Tea. También estaban Ceo y Febe; diosa de la luna, Crono y Rea, Crío, Japeto, Temis; diosa de la justicia y Mnemósine; diosa de la memoria. Estos serían los doce titanes primordiales que Gea dio a luz, pero de su vientre también nacieron gigantes de cien manos y ciclopes gigantes de un solo ojo. Pero Urano no permitió que sus hijos -luminarias de la noche- vieran la luz del día, porque temía que del poder que ellos poseían. Conocía de buena mano la historia de su familia, el destronamiento de Caos por parte de su hijo Erebo, y a su vez, el de este por parte de sus hijos -Urano mismo-. A pesar de que Urano gobernaba la totalidad de los cielos, sus hijos e hijas se vieron a permanecer bajo tierra, encadenados en la negra caverna del Tártaro. Gea se enfadó con Urano e indujo a sus hijos a conspirar contra él. El menor de ellos, Saturno, atacó y castró a Urano con una hoz, tras ello, se deshizo de los genitales mutilados y los arrojó en el océano -allí se formó un remolino de espuma que dio origen a Afrodita/Venus, la diosa de la belleza y el amor-, finalmente se autoproclamó gobernante del mundo.
Saturno se convirtió en rey temeroso, como su padre fue, pues su madre Gea le anunció, que uno de los hijos que el concibiera terminaría por derrocarle como él había hecho con su padre. Cronos se unió a Rea y de ahí nacieron tres hijos: Poseidón, Hades y Zeus. Y tres hijas: Vesta, Hera y Deméter. En cuanto cada uno de ellos nació, Cronos los engulló, de modo que estos quedaron presos en el estómago de Saturno, aislados e impotentes -Al ser la estrella errante más lejana vista desde suelo firme, y tarda 29 años aproximadamente en dar una vuelta al Sol (El más lento de todos, por eso es representado como un anciano), quiere decir que desde su posición se ven todas las orbitas del resto de estrellas errantes (incluida la del Sol y la Luna, acorde a la cosmología griega y romana), engulle sus movimientos y recorridos, es decir, controla sus vidas-. Rea, tal y como Gea hizo en su día, en medio de su desamparo decidió tomar carta en el asunto para impedir que este siguiera devorando a sus hijos. Cuando estuvo a punto de dar a luz al menor de sus hijos, Zeus, Rea escondió en la cama una piedra de gran tamaño, así cuando el bebé nació y Saturno vino en su búsqueda, le acercó la piedra en su lugar. Cronos engulló la piedra de un trago, lo que impidió darse cuenta de la artimaña. Así Rea pudo esconder a su hijo entre deidades menores, donde realmente pudiera estar a salvo. En cuanto Júpiter fue lo suficiente fuerte, volvió ante su padre y le hizo vomitar a todos los hermanos que tenía cautivos en su estómago y se autoproclamó padre de los dioses -cuando Júpiter alcanza a Saturno en la carrera por el trono de los cielos. Acorde a la cosmovisión grecorromana, las estrellas fijas se encuentran en el firmamento (el último cielo o bóveda celeste) atrapadas, mientras que las errantes se encuentran debajo, en lo que entendemos por espacio en la modernidad, y debajo de estas las luminarias del día y de la noche-, repartiendo gobierno con sus hermanos Poseidón y Hades, además de contraer matrimonio con su hermana Hera. Saturno fue expulsado del hogar de los dioses, y a pesar de haber sido el peor de los padres para sus propios hijos, se comportó como un gobernador generoso con la humanidad.
La era de Saturno se conoce como la edad de Oro del hombre civilizado, cuando la siembra proveía el doble de alimento, y los seres humanos ignoraban lo que era el crimen o el asesinato, vivían pacíficamente en comunidad -debido a un estado sólido de leyes y gobernanza política-. Los pueblos humanos acogieron a Saturno en su destierro, y gracias a sus enseñanzas el pueblo como el de Roma llegó a fundarse. Estas enseñanzas incluían el ritmo en la siembra y en la recolección gracias a la precisión en los equinoccios y la comprensión del punto vernal. Así pues, se le dedicó a ese dios sembrador las fiestas que denominaron Saturnalia, o las fiestas saturnales -en Grecia eran conocidos cómo Kronia, de Kronos-.