Hen to Pan: El Uno, el Todo (La unión de los contrarios)

El Ouroboros es un símbolo ancestral reconocido en numerosas civilizaciones a lo largo de los milenios. La imagen ha sido vista en el antiguo Egipto, Mesopotamia, Japón, india, textos griegos, en las piedras del neolítico, tribus indígenas, etc. El Ouroboros es un símbolo global. El nombre proviene del griego ‘oura’ –cola- y de ‘boros’ –comer-. Comerse la cola, como representación de lo infinito y/o bucle de las cosas. En él se muestra a un gusano, una serpiente o un dragón -Tiamat-, engullendo su propia cola, formando de esta manera un círculo –idea sintética de la perfección-. La serpiente o dragón Ouroboros ha sobrevivido desde la antigüedad y se remonta al Antiguo Egipto -1600 a.C.- contenida en el libro egipcio de los muertos. En el famoso dibujo de Ouroboros del texto alquímico de Cleopatra, apareciera con la inscripción Hen to Pan que quiere decir: El Uno, el Todo. La serpiente está representada por el color blanco y negro, demostrando el principio de la polaridad presente en el todo. Y a su vez haciendo recordar otros símbolos como el yin y el yang chino. De hecho se dice que desde que la alquimia china llegó a Alejandría, el símbolo Yin-Yang, -responsable de la creación- se transformó en un símbolo al que hoy llamamos Ouroboros, y al que los partidarios de la nueva era han utilizado por bandera. Los chinos creían que la Luz y la Oscuridad -como opuestos ideales-, al unirse, producían energía creativa. Los dos opuestos fueron más adelante percibidos de manera dual como: materia y energía. Esta polaridad es la conocida como Yin-Yang, y su unidad se llamaba chi.

El símbolo está asociado al hermetismo, gnosticismo y alquimia. Representaría la naturaleza cíclica de las cosas, el eterno retorno. El hecho de la que la serpiente –sabiduría ancestral- se devore a sí misma de manera autodestructiva, hace la metáfora del ciclo vital, donde no hay frontera visible entre el principio o el fin. La serpiente o dragón –depende de la cultura- se devora a sí mismo, no como apología al suicidio, sino una representación al amor propio o a la autofecundación. Una sublimación de lo material, en pos del tiempo y la continuidad de la vida. En la dinastía Chou –China- encontramos grabados de Ouroboros -año 1200 a.C.- simbolizando la continuidad de la vida, con el dragón mordiéndose la cola. En la mitología nórdica, nos encontramos con la gigantesca serpiente Jormungand –La serpiente de Midgard-, que llegó a crecer tanto que pudo rodear el mundo hasta apresarse con su propia cola con los dientes. En otro mito Odín la lanzó al mar que rodea Midgard, donde quedaría atrapada hasta el día de la destrucción total –Ragnarök- La mitología cuenta que con la llegada del Ragnarök, Jormundganer se arrastrará fuera del océano, envenenará los cielos con el aire que exhale de sus fauces y reptará entre el fuego de los gigantes hasta el lugar donde se halle Thor, dios del trueno (su némesis), para enfrentarse en un épico combate. Se ha pensado que el símbolo estaría inspirado en la vía láctea, pues se han hallado registros antiguos haciendo referencia a una serpiente de luz que mora en los cielos. Y también se ha relacionado al ciclo lunar. En definitiva, el Ouroboros expresa la unidad de todas las cosas –El uno, el todo-, las materiales y las espirituales, que nunca desaparecen sino que cambian de forma en el ciclo eterno creativo. A su vez representa el conflicto de la vida, en el sentido de que la vida sale de la vida y la muerte: ‘mi fin es mi principio’. Yo me engendro, yo me impregno, yo me mato, pero en un sentido cíclico en lugar de lineal. Se mata y se da vida, se fertiliza y se da a luz.

El símbolo expresa el drama de la integración para la asimilación del opuesto, es decir, la sombra. Hermes el trimegisto, el escriba de los dioses egipcios y padre de la alquimia –y todas las artes- define el Ouroboros de esta manera: “Serpens culus caudam devorabit” –serpiente que devora su propia cola-. En la Alquimia, el Ouroboros simboliza la naturaleza circular de la obra del alquimista: integrar los opuestos. Lo consciente con lo inconsciente, y a viceversa. Aquí nos encontramos que la serpiente –principio y fin- se reencuentra en un ritual constante de autotragamiento. Esta concepción de la gran obra, está ligada al recorrido del sol tanto como al motivo de la peregrinación del héroe. Así pues, en el Ouroboros encontramos la unión del mundo ctonico –serpiente- con la del mundo celeste – el circulo que esta forma-. En si contiene la dualidad y un tercer elemento invisible y fundamental que hace que todo exista: Al morderse la cola y poder engullirse a sí misma, se está recreando y regenerándose eternamente. Esta forma de equilibrio –morderse la cola- es el detalle de la muerte, ya que para que haya vida, es necesario que la muerte se manifieste. El Ouroboros vislumbraría tres pasos para la manifestación de vida: creación, sustentación y destrucción. Los principios antagónicos son el Azufre –león, yang, masculino fijo – y el Mercurio – serpiente, yin, femenino volátil-. El tercer principio sería la Sal que brinda el equilibrio a las dos anteriores, permitiendo su integración. El simbolismo de Ouroboros ha sido usado para describir la energía Kundalini, y equivale a las serpientes entrelazadas del Caduceo o el ADN humano. Para el psicólogo suizo Carl Gustav Jung el Ouroboros representaba él mándala básico de la alquimia que existe desde la antigüedad. Para él, la serpiente engulléndose a sí misma era uno de los arquetipos principales de la psique humana.

Jung definió de esta manera la relación del Ouroboros con la alquimia:

“Los alquimistas, que a su manera, sabían más sobre la naturaleza del proceso de individualización que nosotros lo hacemos actualmente, expresaron esta paradoja con el símbolo del Ouroboros, a serpiente que engulle so propia cola. En la imagen histórica del Ouroboros está el pensamiento de devorarse a uno mismo y convertirse en un proceso circulatorio, porque era claro para los alquimistas más astutos que la materia prima del arte era el hombre mismo. El Ouroboros es un símbolo dramático para la integración y asimilación del contrario, es decir, la sombra. Este proceso de la ‘regeneración’ es al mismo tiempo un símbolo de la inmortalidad, puesto que el Ouroboros se mata a sí mismo y se trae la vida, se fertiliza y se da a luz. El simboliza el procede del choque de contrarios, y por lo tanto, constituye el secreto de la materia prima que proviene indiscutiblemente de la misma raíz del inconsciente del hombre.”

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