Cómo la relación con tus padres define tu identidad.
Nuestra relación paterna está relacionada con nuestra comprensión sobre lo masculino. El padre se convierte en el referente masculino de sus hijos. Así pues, si el padre fue ausente en el entorno familiar, ya sea por motivos laborales o de abandono, la energía masculina se percibirá como algo externo, lejano, distante y ocupado. En cambio, si el referente paterno fue de alguien atento, inteligente y exitoso, la percepción sobre la masculinidad será de algo poderoso. Si lo masculino abusó, o te reprimió, probablemente tendrás una idea de la masculinidad relacionada con la agresividad o la violencia. Sea quien sea ese referente, el padre que te mimó, el abuelo que abusó, el tutor o familiar que te inspiró, de aquel que te enamoraste, etc. Sea el hombre que haga de referente –El hombre de statu quo mismo-, representará tu idea sobre la masculinidad. Puesto que vivimos en una sociedad patriarcal – aparentemente-, la relación que tengamos con lo masculino, repercutirá en nuestra profesión o expresión de ocio y social. Ya que fue nuestra madre quién nos parió -la matriarca-, quién nos nutrió y mantuvo vivos, nuestro padre será aquel que nos adoctrinará y preparará ante el mundo que hay allí afuera –para que podamos seguir viviendo-. Aquí dentro estamos protegidos por nuestra madre, ella nos protege, comprende, ella sabe lo que necesitamos. Con ella, tenemos todo lo que precisamos.
Así que, no importa qué relación tengas con tu padre o con tu madre, da igual lo que sucedió con ellos, o lo que esté sucediendo entre vosotros. Vuestra relación también ha sido programada. A tu madre le dijeron que era una mujer, y una mujer debía de ser responsable desde que era una niña -debido a que la menstruación se presenta a una edad temprana- le dijeron que tendría que ser responsable con la casa, porque eso es lo que hacen las mujeres. Lo verá en su madre, en sus abuelas/tías, en las noticias y películas, anuncios, en el ocio y en lo social, hasta que finalmente no tuvo más remedio que aceptarlo. Debía prepararse, porque un día ella sería madre y tendría que ser responsable de todo un hogar. La recompensa: criar y traer hijos a la vida, y formar una familia, suya, donde ella mande, porque por supuesto, su madre antes que ella mandó en tu casa. Te lo mereces, te lo has ganado. A tu padre le dijeron que era un hombre, y un hombre debía ser fuerte y valiente desde que era un niño. Le dijeron que llorar o mostrar sus emociones, era cosa de niños y niñas, ya que los niños son débiles y cobardes –vulnerables-. Le dijeron que, para ser el líder de una familia, debía de ser exitoso y ser respetado. Por ello, debía de trabajar, sin importar lo duro o pesado del trabajo. Él era un hombre, y tenía una familia a la que mantener. No debía de ser responsable con la casa, puesto que de esta se encargan las mujeres, no debía de ser responsable con sus hijos, porque los hijos son para las mujeres. Sin darse cuenta de la realidad inherente a esta afirmación. Si los hijos son de las mujeres, los hombres, hijos de las mujeres, son de la mujer. Le dijeron que se centrara en trabajar y que se olvidara del corazón. La recompensa, que él era el portador de la semilla, él era ‘el puto amo’, él es el que va a las guerras y trabaja duro, para que las mujeres tengan sus casas y críen a sus hijos. Una vez hecho, puesta la semilla, solo les queda trabajar, y seguir poniendo semillas.
El padre, podría ser prescindible para nuestra supervivencia, pues las madres se han hecho padres, porque han tomado toda la responsabilidad. Ya que ellas no solo querían estar criando niños y hogares, ellas también querían trabajar y ser exitosas. Puesto que el hombre, genéticamente no puede parir hijos, y la mujer ha empezado a trabajar, ya que ella es responsable, el hombre ha empezado a interesarse por la crianza de los niños y los temas del hogar, pero ellos no han sido preparados para ello, no tienen un espacio visible canonizado, pues contradice la primera norma de lo que supone ser hombre –sensibilidad-. De esta manera muchos han terminado por volverse locos y han huido de sus hogares o se han echado al lado. La fuerza femenina ha sido ocultada, encarcelada en una casa llamada hogar. Allí uno puede estar a salvo, sentirse amado y expresar el amor. Allí afuera impera una fuerza masculina irresponsable, que busca desesperadamente el éxito, como medio de supervivencia.