La era del inferior sobre el superior (Los hijos mejor que los padres)

Las historias cuentan que vivimos en tiempos del avance de los inferiores, que están cerca de expulsar a los últimos seres humanos fuertes y nobles. Estos ciclos siguen las leyes celestiales, alternando el aumento y la disminución, la plenitud y el vacío. Esto sugiere la aceptación de la época adversa para el hombre superior, sin ejecutar acción y manteniéndose en la quietud, si quiere conservar su posición. No es posible contrariar estas condiciones del tiempo, así que no es cobardía, sino sabiduría someterse voluntariamente. Y es que existe en las sociedades civilizadas un obstáculo importante para el incremento de seres humanos con cualidades superiores. Los ignorantes y holgazanes, sobrepasados por los vicios programados tienden a formar una familia a muy temprana edad, mientras que los prudentes y productivos, embalsados por virtudes lo hacen tarde, a fin de reunir recursos con los que sostenerse y poder mantener a sus hijos. De esta manera, resulta que los ignorantes, holgazanes y viciosos tienden a multiplicarse en una proporción más rápida que los prudentes y productivos. Así pues, en la lucha genética por la existencia habría prevalecido la raza inferior, y menos favorecida, sobre la superior, y más virtuosa. Y no por la virtud de sus buenas cualidades, sino de sus graves defectos. El avance del ser inferior sobre el superior es inevitable, es parte del ciclo. Por ello, al no emprender ninguna iniciativa, es decir, no cometer ninguna acción programada, está fuera de lo programado. El ser inferior está destinado a continuar su expansión sobre el humano superior. No por injusticias divinas, sino por orden celestial. Los tiempos del hombre superior llegarán de nuevo, pero ahora, deben adaptarse al cambio, ser la montaña que reposa sobre la tierra.

Ser madre o padre está vinculado al ciclo al que nos encontramos, dónde los inferiores avanzan sobre los superiores. Los hijos quieren ser mejor que sus padres o madres, y cuando estos se hacen ancianos, los apartan, estos ya no sirven –de la misma forma que los padres hicieron con ellos, mientras estos eran niños-. Ahora yo soy mejor. Por lo que, los padres y madres, como seres superiores, al reproducirse genéticamente toman la responsabilidad de la montaña sobre los seres inferiores, sus hijos. Si esta no fue medida y no es estable, los hijos la desmoronaran. Si esta no es segura, los hijos la abandonarán. Si esta es estrecha y se alza orgullosa, los hijos la odiarán. Si esta montaña es integra en sus compuestos, si es capaz de sujetar al último hijo en un diluvio universal, los hijos la adorarán. Esta montaña solo es segura cuando se sostiene en la tierra ancha y amplia, tranquila en su posición.

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El olvido de lo sagrado (El hombre que buscó afuera)