No eliges a quién amas (y el patrón que repites sin saberlo)
Nuestra relación materna está vinculada a nuestra idea sobre lo femenino. Si nuestra madre fue alguien optimista, valiente, fuerte o astuta, lo femenino será algo poderoso para ti. Si nuestra madre tuvo un carácter victimizado, negativo, influenciable, lo femenino será algo débil para ti. Sea la mujer o mujeres que tuviste como primera referencia. Aquella que te gestó y parió, aquella que te nutrió y educó, esa que te enamoró, etc. Sea cual sea esa mujer, será tu primer contacto con lo femenino. Se convertirán en referentes. Así pues, todas sus emociones y pensamientos -sentimientos e ideas- terminarán por influenciarte a la hora de diseñar tu idea definida sobre la feminidad, ya seas mujer, o seas hombre, esto te acompañará el resto de tu vida. Basta que una de estas primeras mujeres te ignore o idolatre, para buscar el rechazado o la atención en todas y cada una de las que aún no han llegado. Es decir, la constante búsqueda del vínculo generado, a partir del referente. Si como hombre tu madre te sobreprotegió, buscarás a mujeres que puedan sobreprotegerte. Cualquiera que fuera la referencia entregada por tu madre, ya sea el abandono mismo. Buscarás como hombre, por ejemplo, provocar una y otra vez el mismo sentimiento que confirme la referencia, es decir, el abandono. Si mi madre me abandonó, cualquier mujer puede hacerlo. La relación que tengas con tu madre, la idea que extraigas de esa relación, a partir del sentimiento heredado, será como mirarás a las mujeres y considerarás lo femenino. Tampoco esto, es una acto natural, si por natural entendemos un hecho no programado.
Está programado que a través de tu madre odies o seas sumiso a las mujeres, que desprecies o fanatices lo femenino. Porque le han dado la responsabilidad de la vida a una sola mujer, la madre es la responsable de la gestación y de la concepción, la madre es la encargada de la nutrición y con ello su base educativa, la madre es prácticamente la primera experiencia lúdica, el primer mimo, el primer amor y nuestra primera relación. No hay ser humano que esté preparado para soportar todo ello, y esperar que de ahí salga algo equilibrado. ¿Por qué una sola madre para todo? Porque nos han dividido por familias, para tenernos a todos desconectados entre sí, dentro de nuestras cuatro paredes. Y han contaminado a la mujer con el sentido de la propiedad. Proyectándole la creencia de la responsabilidad materna, sobre su hijo, para lo bueno y/o para lo malo, en sus emociones y pensamientos. Le dará lo mejor que sepa, aunque esto no sea lo mejor. Creceremos todos con la idea de que el amor más grande en el mundo es el de una madre hacia un hijo, porque lo ha sacrificado todo, porque está dispuesta a hacerlo. Lo ha vivido. Así que, si como mujer no eres capaz de dar lo mejor de ti como madre, quiere decir que no eres una buena madre. En cambio, como hombre, jamás podrás sentir el verdadero amor, ya que este les pertenece a las madres, es decir, a las mujeres.
Solo hay un cordón físico, y es el que nos trae a la vida, tras nuestra experiencia en el vientre. Y ese cordón es suprimido una vez el ser abandona el vientre materno. Es la sociedad programada, bajo la idea de familia, la que impulsa a la mujer, a ser madre, a mantener ese cordón atado a través de lo emocional y lo mental, más allá del periodo de concepción. Limitar todo su amor hacia solo un ser, su hijo. ¿Cuántas mujeres traen niños al día? Pueden estar en grupo, pero lo vivirán por separado. Como las madres -matriarcas-. Competirán por traer al niño más guapo, saludable y prometedor del mundo. Le reservaran el mejor nombre, la mejor cuna y los mejores ropajes. En vez de vivirlo como mujeres, las que traen la especie al mundo. Alargarán la experiencia del cordón umbilical, hasta que se den cuenta de lo que han hecho, y tengan que romperlo por ellas mismas -si es que en algún momento acontece- con el mismo drama que supuso el primer corte. Ya sea porque tú misma te hiciste madre, o porque encontraste a otra mujer. La mujer tiene en su poder, el destino de toda una especie. Pero en vez de vivirlo unidas, como sacerdotisas de la madre, pretenden ser la gran madre misma. Y eso tiene que ver, con la propia desconexión con la gran madre de todos.