El olvido de lo sagrado (El hombre que buscó afuera)

Hacerse preguntas no es el denominador común entre nuestra sociedad. Ya que como la felicidad está afuera, así lo están las respuestas. Todo lo que buscas o necesitas, tiene que estar urgentemente ligado a la experiencia externa. Es algo para adquirir, no heredado. Cuando estamos mal, buscamos a alguien para que nos diga que nos pasa, ya sea en el plano físico, emocional o mental. Alguien cerca de mi tendrá la respuesta, o ese doctor, o terapeuta. Quizá esos programas de televisión puedan tenerla. Porque nos han enseñado a buscar referentes externos, alguien quien nos inspire, alguien a quien podamos culpar de nuestros fracasos. Solo nos preguntamos lo evidente. Ya que las otras preguntas no las sabemos, porque hemos pedido respuestas a lo evidente y nos ha condenado a todos. ¿Hay algo más? ¿Qué clase de pregunta es esa? Pensar que hay algo es entrar en una filosofía, pues nuestras instituciones han explotado las creencias, han creado una gama de miles de colores a través de religiones, políticas y ciencia. Lo mejor es no preguntarse, porque la inherente creencia de todo ello, es que no sabemos nada. No vale la pena preguntarse, porque no hay respuesta. Nazco, crezco, me reproduzco y muero. No hay nada más. Nadie te lo puede demostrar en palabras, y el hecho, ha sido condicionado, programado para que solo lo reconozcamos de una manera.

¿Pero por qué estoy mal? He tomado esa pastilla y he seguido los consejos de mis amigos, médicos y terapeutas. ¿Por qué sigo estando mal? Un día, tras mucho tiempo estando mal. Todos esos médicos y terapeutas te dirán que es porque hay algo en el interior de tu cuerpo que está creciendo. Lo han llamado cáncer. Y te dirán que te vas a morir, que hay probabilidades de que te mueras, pero, que ellos tienen la solución. Entonces, de verdad, te preguntarás si hay algo más. Porque te estarás muriendo, y creerás que te mueres porque solo has buscado la respuesta hacia fuera. Porque te has creído, y a su vez creado, las respuestas de un mundo programado. Las verdaderas preguntas nacen cuando traspasas lo evidente. Es evidente que un día te vas a morir. Te vas a ir de este plano, el único que te han enseñado, no por ello el único que realmente existe. Porque la creación no es mono dimensional, es multidimensional. El ciego también ve, pero no nos hemos relacionado con su dimensión, porque no podemos entenderla. ¿Cuántas cosas no entendemos, y por el hecho de haber entendido, toda nuestra realidad se ha transformado? Hay que entender a la conciencia, para poder transformarla.

Una antigua leyenda Hindú cuenta que hubo un tiempo en la tierra, que todos los seres humanos fueron dioses. Pero estos abusaron tanto de su divinidad que Brahma, el dios supremo Hindú, decidió privarlos del aliento divino, lo escondería en un lugar dónde jamás pudiera ser encontrado y empleado nuevamente para el mal. Así pues, convocó a todos los dioses menores para buscar un lugar adecuado dónde poder esconder la divinidad del ser humano y evitar de estar manera un mal uso deliberado. El problema era encontrar el lugar apropiado. Los dioses ofrecieron sus propuestas:

DIOSES: Esconderemos la divinidad del hombre en lo más profundo de la tierra. BRAHMA: No, no será suficiente, porque el hombre cavará profundamente en la tierra y la encontrará. DIOSES: En ese caso, la sumergiremos en lo más profundo de los océanos. BRAHMA: Tampoco, porque tarde o temprano el hombre aprenderá a sumergirse en el océano y también allí lo encontrará. DIOSES: Escondámosla pues en la montaña más alta. BRAHMA: No. Porque un día el hombre subirá a todas las montañas de la tierra y capturará de nuevo su aliento divino. DIOSES: (confundidos) Entonces no sabemos dónde esconder la divinidad humana, ni tampoco de un lugar donde el hombre no pueda encontrarla algún día. BRAHMA: Escondedla dentro del hombre mismo; jamás pensará en buscarla allí. Y sólo el que tenga puro y noble su corazón se le ocurrirá buscarla en ese lugar.

Y así hicieron. Y la divinidad fue ocultada en el interior de cada ser humano. Y desde la noche de los tiempos; sigue la leyenda, el hombre a recorrido la tierra, ha bajado a los océanos, ha subido a las montañas buscando esa cualidad que lo hace semejante a los dioses, pero que en verdad todo el tiempo ha llevado siempre en su interior.

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