Durante milenios, tanto religiosos como políticos y científicos han proclamado a los cuatro vientos las claves de una vida saludable. Han señalado todo lo demás, y lo han descartado. Ese es el problema: hemos aceptado todo aquello como válido desde la primera premisa. Hemos visto el título “Fumar puede matar” y hemos ignorado la última parte del párrafo: “La autoridad del Estado gubernamental pertinente avala su distribución.” Es decir, el propio Estado te ha estado vendiendo oficialmente algo que “mata”, pero te lo dice de buena gana, porque son muy santos ellos. No: el gobierno avala el mercado del tabaco, le da el visto bueno. Es el peaje que el distribuidor debe pagar para que su producto pueda ser comercializado. El precio final del producto -el tabaco- se incrementa en casi un 80 %, y ese aumento corresponde a la tasa de impuestos que el Estado obtiene por la distribución del producto en su territorio (en 2018, el tabaco era la quinta fuente de ingresos del Estado en España). De esta manera, el mercado comercial está regulado y supervisado por los gobiernos y sus leyes de mercado. La tasa que incrementa el precio del tabaco corresponde a la ley de sanidad, ¡porque no es bueno para tu salud el hecho de que fumes! El dinero soluciona el problema, y todo el mundo puede acceder al tabaco, siempre regulado. En otros países, el precio del tabaco se vende casi a precio de coste. Es muy importante entender el juego del producto dentro del sistema económico de mercado que, en su día, difundió Adam Smith, padre de la economía moderna. Y aún más importante es comprender a la empresa que te lo quiere vender. Así es como encontramos productos que son ilegales en unos países y legales en otros, siempre determinados por el mercado libre, en el que todo el mundo tiene derecho a vender, bajo regulación. Es decir, pagando una tasa. El producto puede matar. No sabemos lo que comemos ni lo que bebemos, porque, a la hora de la verdad, la receta del producto es un derecho privado que la empresa vendedora se guarda. Por lo tanto, no sabes realmente lo que comes ni lo que bebes. Ante esta tesitura: ¿qué es realmente saludable? ¿Y para quién? ¿Para la economía del Estado y/o la corporación que lo fabrica, o para la salud de las personas? Los supermercados anunciarán que contienen la mejor pasta, leche, carne, pescado, vegetales… productos. Y tú no tendrás más remedio que comprarlos. Porque detrás de eso, para que tú llegues hasta esos supermercados, es porque el producto ha sido publicitado. La publicidad la controlan los medios de comunicación, también supervisados por el Estado y grandes corporaciones. Es decir, el Estado te va a decir que comas esta carne, pero que también lleves esa dieta vegana. Y que no fumes, pero que no pasa nada si te fumas un cigarrillo. El Estado te va a decir que no mates ni violes, pero ellos matan y violan en otros países; puedes unirte a ellos y matar y violar allí. Así, los ejércitos y sistemas policiales están llenos de violadores, maltratadores, violentos y criminales en general. Le han dado al tonto la vara para medir.