El Mercado: Las creencias en los productos

¿Qué es lo que lleva a las personas a vivir una vida en busca del suicidio? Durante mucho tiempo se ha responsabilizado a los estimulantes. Estos serían los verdaderos causantes que empujan a los seres humanos a vivir una vida orientada hacia la muerte. ¿Son la droga y el alcohol los destructores de mentes y corazones? ¿Es la ludopatía el Ragnarök de las familias? No: es el tabaco lo que mata. ¿Quién dice eso? La religión: no beberás. La política: no te drogues. La ciencia: no juegues. Deja de beber, deja de drogarte, deja de jugar. Haz eso y vivirás. No para siempre, pero sí una vida saludable. ¿Y qué es vivir una vida saludable? Supuestamente, una vida basada en una dieta vegana; es decir, una alimentación primordialmente vegetal: cereales, frutos secos, frutas y verduras, legumbres, aceites y cualquier complemento o suplemento de origen vegetal. Deberías hacer ejercicio, pues tu cuerpo necesita movimiento. Correr por la calle o ir al gimnasio sería tu mejor opción. Y rezar todas las mañanas, antes y después de dormir. Eso, básicamente, implicaría vivir una vida saludable. ¿Es esto realmente cierto?

Durante milenios, tanto religiosos como políticos y científicos han proclamado a los cuatro vientos las claves de una vida saludable. Han señalado todo lo demás, y lo han descartado. Ese es el problema: hemos aceptado todo aquello como válido desde la primera premisa. Hemos visto el título “Fumar puede matar” y hemos ignorado la última parte del párrafo: “La autoridad del Estado gubernamental pertinente avala su distribución.” Es decir, el propio Estado te ha estado vendiendo oficialmente algo que “mata”, pero te lo dice de buena gana, porque son muy santos ellos. No: el gobierno avala el mercado del tabaco, le da el visto bueno. Es el peaje que el distribuidor debe pagar para que su producto pueda ser comercializado. El precio final del producto -el tabaco- se incrementa en casi un 80 %, y ese aumento corresponde a la tasa de impuestos que el Estado obtiene por la distribución del producto en su territorio (en 2018, el tabaco era la quinta fuente de ingresos del Estado en España). De esta manera, el mercado comercial está regulado y supervisado por los gobiernos y sus leyes de mercado. La tasa que incrementa el precio del tabaco corresponde a la ley de sanidad, ¡porque no es bueno para tu salud el hecho de que fumes! El dinero soluciona el problema, y todo el mundo puede acceder al tabaco, siempre regulado. En otros países, el precio del tabaco se vende casi a precio de coste. Es muy importante entender el juego del producto dentro del sistema económico de mercado que, en su día, difundió Adam Smith, padre de la economía moderna. Y aún más importante es comprender a la empresa que te lo quiere vender. Así es como encontramos productos que son ilegales en unos países y legales en otros, siempre determinados por el mercado libre, en el que todo el mundo tiene derecho a vender, bajo regulación. Es decir, pagando una tasa. El producto puede matar. No sabemos lo que comemos ni lo que bebemos, porque, a la hora de la verdad, la receta del producto es un derecho privado que la empresa vendedora se guarda. Por lo tanto, no sabes realmente lo que comes ni lo que bebes. Ante esta tesitura: ¿qué es realmente saludable? ¿Y para quién? ¿Para la economía del Estado y/o la corporación que lo fabrica, o para la salud de las personas? Los supermercados anunciarán que contienen la mejor pasta, leche, carne, pescado, vegetales… productos. Y tú no tendrás más remedio que comprarlos. Porque detrás de eso, para que tú llegues hasta esos supermercados, es porque el producto ha sido publicitado. La publicidad la controlan los medios de comunicación, también supervisados por el Estado y grandes corporaciones. Es decir, el Estado te va a decir que comas esta carne, pero que también lleves esa dieta vegana. Y que no fumes, pero que no pasa nada si te fumas un cigarrillo. El Estado te va a decir que no mates ni violes, pero ellos matan y violan en otros países; puedes unirte a ellos y matar y violar allí. Así, los ejércitos y sistemas policiales están llenos de violadores, maltratadores, violentos y criminales en general. Le han dado al tonto la vara para medir.

Si eres capaz de ver esto, eres capaz de ver la segunda historia tras la premisa. Es la guerra del producto. Siempre ha sido así, lo que sucede es que ahora es “libre”. El Estado comparte el producto contigo en vez de simplemente quedárselo -circularlo entre las élites-, como había estado haciendo. Nos han dado una vida para el producto, y nosotros lo hemos comprado -una copia barata del producto original-, lo que dicen que mata y también lo que dicen que no mata, sin entender la verdad del producto. “Esto dicen que es bueno”, “eso es malo”. Juicios derivados de una máquina llamada propaganda -marketing-. La verdad sobre el producto es confusa, pues algunos productos no se adaptan a la realidad de las personas que viven su vida en el sistema. Es muy difícil basar una vida completamente vegana si vives en la selva social. El producto vegano es de lujo; así pues, el acceso a todos los nutrientes necesarios para no morirte de hambre no está al alcance de todos. Por el contrario, si no pudieras pagar el peaje, vivirías una vida centrada en lo que hay para comer hoy.

Nuestras ideas sobre el producto crean la realidad final del mismo. Que las drogas sean malas es una creencia ahora general, basada en las cadenas de sanidad y políticas -propaganda-. Pero las cadenas pseudocientíficas han insinuado que productos como la marihuana son más efectivos en la cura contra el cáncer que el tratamiento por quimioterapia, y lo han demostrado. Mientras que la quimioterapia destruye todas las células -tanto las buenas como las malas-, la marihuana destruye de manera selectiva las células malas. Todos nos hemos fumado un porro, y algo ha pasado. No sabrías decir el qué; si lo pensaras mucho, terminarías por volverte loco. Y eso es lo que ha pasado con el producto, pues el producto es anterior a cualquier empresa. Esta solo lo ha empezado a distribuir, lo ha avalado y le ha dado reconocimiento… sin decir para qué se usa. “Eso es para fumar”, “¿Y qué pasa después?”, “Vas a ser Alicia en el país de las maravillas”. La gente termina por volverse loca. ¡Pues Alicia es un cuento! El que no te han contado. Las drogas, o mejor dicho, las plantas medicinales psicodélicas han sido utilizadas desde tiempos inmemoriales. Mayas y nativos americanos, sumerios y egipcios, griegos, indios, chinos… ¡Todos han usado este tipo de estimulante! La mayoría de ellos no quedaban en un bar, escondidos en un lavabo. No lo hacían para desconectar: lo utilizaban para conectar. ¿Con qué? Con su cuerpo, emociones y pensamientos. Con la energía. Con todo lo que existía y que a simple vista no podían ver. Hoy ya nadie conecta con su cuerpo, emociones y pensamientos. Muchas personas no saben lo que es la energía, y no pueden ver más allá de lo que se ha nombrado. Cuando vayan a usarlo, será como Chernóbil: terminarán intoxicando el cuerpo, la mente y las emociones. Porque la verdad será revelada y, como no podrán elevarla, se quedarán con la sensación… y la buscarán con impetuosidad. Y solo lo irán “flipando”. ¿Qué decir del alcohol? ¡Es la sangre de Cristo! Pero todo ha sido transformado por medio de la intervención química, y lo que antes era saludable, ahora es venenoso. Así vivimos hoy en día, donde lo moral está regido por el producto en venta. El producto se ha multiplicado, y con ello la vanidad. Nuestros sueños han sido sustituidos por productos a desear. Si tengo esto o eso, podré hacer eso que quiero o ser quien yo soy. Ya no soñamos nuestros sueños: deseamos comprarlos o poseerlos. El sistema económico moderno ha destrozado los sueños de toda una sociedad: han perdido todos los jugadores y ha ganado la banca, y con ella, sus banqueros. La sociedad moderna es un circo en sí misma, que ofrece boletos para diferentes tipos de atracciones. Todos hemos cogido nuestro boleto.

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