No queremos trabajar, pero queremos casas, coches, tecnología, queremos ropa, ir a los restaurantes, al cine, de vacaciones… es decir, queremos empresarios, comerciantes y distribuidores. Así que no cambiaríamos por beneficio, si no por interés. Sí, quiero mi casa, el coche, al perro y al gato, el mejor teléfono, el mejor ordenador, la ropa, los zapatos o joyas más caras, viajar a los lugares más exóticos, a cambio, de tan solo, tener que pagarlo. Es un círculo vicioso. Imposible de contradecir, difícil de ignorar. Hay una corriente que se encarga que todo esto siga así, y lo hace por medio del olvido. Porque si uno olvida algo, quiere decir que nunca lo vivió. Ese olvido llega cada medio siglo como ya se ha visto. La historia se oculta, se olvida, se transforma. ‘Fue en el pasado’. Ninguno de los que estamos aquí tuvo nada que ver con las guerras mundiales. Lo mucho que se, es por lo que aprendí en el colegio -inculcado por el lado vencedor- y a través de las películas y canciones -promovidas por interés político-. Y así ha sido durante miles de generaciones: la esclavitud, las inquisiciones nacionalistas y cristiana, el genocidio y violaciones en las conquistas, el imperialismo que ha explotado a la tierra firme como si fuera un recurso. Todo lo que tu nación tiene, se lo robó a alguien. Nada le pertenece, puesto que nunca fue suyo. Mires por donde lo mires, ni las lenguas de las naciones que se pronuncian con arrogancia y superioridad en el mundo tienen un origen propio, sino apropiado. Paso a paso, han llevado a la humanidad a la era de la alta tecnología a través de las leyes físicas, le han dado a los inferiores, lo superior. Y se han vuelto cómodos, se han regido a las leyes programadas, y funcionan perfectamente junto a ellas.