El constrante olvido (por qué la humanidad ha perdido su memoria)

Somos probablemente la especie más extraña que el mundo haya podido conocer -o que nosotros tengamos consciencia de-. Somos la única especie animal civilizada, pues aprendimos a comer con cuchara y tenedor, para no mancharnos nuestras manos. Supuestamente desarrollamos la agricultura, la pesca, la arquitectura, la navegación, la astronomía, la escritura, y las demás artes ¿La desarrollamos realmente? El marco histórico, el que narra los progresos de la especie humana, han insinuado durante mucho tiempo que está evolución sucede de forma gradual o lineal, pero ahí encontramos civilizaciones mesopotámicas o la Egipcia -entre definitivamente muchas otras- que de repente se alzaron como una civilización completa institucionalmente, una sociedad organizada. No existe esa evidencia evolutiva que les llevó a representarse allá por el 4000 a.C. de esa manera tan perfectamente definida. De los hombres de las piedras y pictografías, al hombre de las ciudades y la escritura, ha supuesto el cambio más extraño acontecido para nuestras grandes instituciones. Es más sencillo explicar porque no debería la humanidad estar a estas alturas tan desarrollados tecnológica y científicamente, que explicar cómo es posible que lo esté -acorde a lo establecido-. Pero es que desde esa aparición civilizada, la especie humana ha transitado tales caminos, como la perdida de toda la memoria de esa parte de la historia. Y desde los tiempos griegos hasta el nuevo milenio, solo hemos estado redescubriendo lo que esos primeros ancestros civilizados parece que ya sabían, visto las inconfundibles pruebas de su legado, tales como las pirámides o zigurats. Así que en vez de transitar de forma lineal a lo largo de la historia conocida, lo que hemos realmente experimentado es un retroceso, con la incesante búsqueda de nuestro pasado perdido

¿Cómo hemos podido olvidar como llegamos aquí? Es sencillo responder por qué. Ya que vivimos en una sociedad bajo un programa civilizado llamado el constante olvido. La memoria se pierde cada dos o tres generaciones, la mayoría de los hijos jamás conocerán a sus bisabuelos, y si lo hicieran estarían viviendo en realidades tan distintas sobre el mundo que los rodea, que los hijos o nietos terminarían, una vez más, imponiéndose sobre sus ancestros. Por el hecho de estar en el ahora programado. Vuestros bisabuelos quizá vivieron la segunda guerra mundial, y con ello toda la gama social programada propagandística de aquellos tiempos. Hicieron cosas horribles, sabiendo que lo hacían, pero les estaban impulsando a hacerlo. Lo justificaron. Vieron como finalmente la guerra terminó, y llegó la supuesta paz. Sus hijos, y los hijos de los hijos, de los mismos, tendrían una tierra donde vivir, en paz. Pero ellos jamás pudieron olvidar todas esas cosas justificadas. Y no las pudieron compartir, porque 50 años después de la guerra, la gente había olvidado la memoria mnemónica provocada por la misma, la habían ocultado bajo una bandera conmemorativa una vez al año. No se hablaría más de guerra. Por vergüenza. Porque es realmente vergonzoso que un grupo humano, proclamado civilizado, se uniera de manera injustificada por unos intereses psicopáticos, para destruir el 3,76% de la humanidad –números oficiales-. Teníamos que olvidarlo. Hemos olvidado que antes que destruir a los civiles en las conocidas guerras mundiales. El hombre había esclavizado a la humanidad bajo el yugo de la tiranía. ‘Los amos’ disponían de personal humano privado, no por voluntad, sino por imposición. Hicimos esas cosas horribles y también tuvimos que olvidarlo. Una parte de la humanidad conocida, la programada, ha estado dominando y tiranizando a otra parte de la humanidad durante milenios. Ya sea por esclavitud o por guerra.

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