El mercado navideño (Cuando la Navidad se volvió consumo)

No fue hasta la reforma protestante cuando las navidades sufrieron sus más fieros rivales. El nacimiento de Cristo fue prohibido por algunas iglesias protestantes, llamando a la navidad ‘trampas de los papistas’ y ‘garras de la bestia’, debido a la relación existente con el paganismo antiguo. Así pues, en el año 1647, los puritanos ingleses ganadores de la guerra civil inglesa prohibieron la celebración por entonces de la navidad. Solo para que la restauración de 1660 pusiera fin a la prohibición, debido a la presión social. Aun así, miembros del clero reformista rechazaban la idea de las navidades, utilizando argumentos puritanos. También en la época de la revolución estadounidense las navidades cayeron en desgracia, debido a que estos la consideraban una costumbre inglesa. En los tiempos modernos, las iglesias bautistas independientes y congregaciones para protestantes, como los Testigos de Jehová, no celebran la navidad, porque la consideran una festividad pagana no anunciada en el nuevo testamento, y rechazan el 25 de Diciembre como el día de nacimiento de Jesús. En 1820, debido a todas las tensiones entre las iglesias y el nacimiento de congregaciones sectarias cristianas, hizo preocupar la supervivencia de esta festividad, a muchos artistas británicos en especial, por ello hicieron esfuerzos en poder revivir las festividades. Charles Dickens en Un Cuento de Navidad, publicado en 1843 protagonizó la clave en la reinvención de las fiestas navideñas. Prestando especial atención a la celebración familiar, las buenas voluntades, compasión, generosidad, etc. Desde entonces, la festividad de la navidad se fue mezclando del carácter religioso a la tradición de convivencia familiar, debido principalmente a la popularidad de esta celebración y al mercado libre.

Fue en el siglo XIX cuando la Navidad se afianzó en la visión tradicional moderna que se tienen de las fiestas. La costumbre del intercambio de regalos o amigo invisible, el personaje de santa Claus, regalar postales de navidad o cantar villancicos, fue la tendencia del siglo. Costumbres que fueron bien aprovechadas por la mercadotecnia para expandir la navidad por todo el mundo, ofreciendo un carácter distinto al religioso, y francamente que poco tiene, o nada, que ver con la tradicional fiesta cristiana navideña –o pagana-. En el nuevo milenio, la navidad es celebrada por personas en todo el mundo, religiosos, y también por gente no creyente en el origen tradicional, si no por el festejo de convivencia social y familiar. Debido a eso, nacieron nuevas tradiciones, como La cena de noche buena, que consiste en un gran banquete familiar que abarca desde la víspera del día de navidad hasta pasada la medianoche. Una muestra de la época navideña sería el adorno de las casas, balcones, las calles con sus luces luminosas o el árbol navideño decorado con la estrella. La navidad había dejado de ser una tradición religiosa, para transformarse en un producto del mercado libre. Gastrónomos, empresarios, músicos, cineastas, y personas de todo el mundo se preparan para lanzar al mercado sus mejores obras –propaganda-, los familiares y amigos se gastan todo su dinero para hacer los regalos más apropiados, mientras que los centros comerciales usan las mejores técnicas de marketing para motivar a sus compradores a realizar tales regalos, y de esta manera, satisfacer las necesidades en el mundo. Agencias empresariales anuncian publicidad relacionada con el espíritu navideño, a la vez que te ofrecen el mejor electrodoméstico o inmueble. Santa Claus, por ejemplo, sería comprado y reeditado por la empresa Coca-Cola para satisfacer los deseos de nuestros niños. Ese era el espíritu navideño.

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