La astrología: Las luminarias del firmamento (El reloj de las estrellas)

Desde oriente también llegaron fenómenos como la Astrología, que es la ciencia que estudia las luminarias y sus movimientos fijos y relativos. En la nueva era, se consideran doce signos zodiacales –Horóscopo- y diez cuerpos celestes –Sol, Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón-, principalmente. También trabaja los aspectos, movimientos o los ángulos que hay entre estas luminarias. La Astrología es una ciencia de larga existencia y supuestamente desarrollada por diversas civilizaciones de manera independiente de la Cábala, fruto de observar cómo determinadas estrellas, particularmente el Sol, influían en el cambio de las estaciones y en el éxito de las cosechas. Partiendo de estas observaciones llevaron a término un sistema más amplio en el que los movimientos de las estrellas, como el de las errantes, influían o representaban otros aspectos de la vida -todas las estrellas fijas mantienen un patrón similar de movimiento, mientras que las errantes, como planetas o cometas, parecían tener movimientos propios (como los seres humanos)-. El Zodiaco fue dividido en doce partes iguales de treinta grados cada una, conservando los nombres de las mismas constelaciones. Los caldeos -magos y adivinos-, habitantes de Babilonia en Mesopotamia, llevaron a cabo estudios y observaciones muy definidos y detallados sobre los movimientos de las luminarias del día y de la noche -Sol y Luna-, y de las cinco estrellas errantes -Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno- que podían ser vistas desde suelo firme. Atribuyéndoles características específicas a en base a determinados aspectos. Los chinos, en el 2000 a.C., también observaban el comportamiento de las luces del cielo, al igual que en la India veda y/o hindú, y en la civilización Maya, dónde se desarrollaron otras variedades astrológicas. Hacia el siglo V a.C., la astrología se extendió a Grecia, dónde filósofos cómo Pitágoras y Platón la incorporaron a sus estudios de astronomía considerando ambas ciencias como complementaria.

La astrología astronómica de los babilonios fue el principal manantial del que surgió la astronomía. De ellos heredamos nuestra semana de 7 días y el día de 24 horas. El orden de los días de la semana y sus nombres también vienen de ellos. Fueron quienes asignaron el nombre del día de la semana según el planeta que rigiera la primera hora del día, y de acuerdo a una regla que establecía un orden entre los planetas -ascensión y posición en los cielos e iluminación-. Así es, por ejemplo:

si la Luna –lunes- regía la primera hora de un cierto día, sería Marte –martes- el siguiente, luego Mercurio –miércoles-, Júpiter –jueves-, Venus –viernes-, Saturno –sábadoY finalmente el Sol –Domingo en inglés sunday: el día del sol-.

Pero claro, eso durante la era moderna, dónde el primer día de la semana era el Lunes -día de la Luna-, y terminaba en Domingo -día del Sol-, esto sería, porque el calendario gregoriano, católico-litúrgico -calcula las lunas-, consideraba que Dios descansó en Domingo, el día del Sol -cuando Jesús, el hijo reencarnado, supuestamente resucitó-. En cambio, para los hebreos, judíos, paganismo, y alguna rama cristiana -anglicana u ortodoxa, por ejemplo-, el día de la semana comenzaba en Domingo, el día del Sol, y terminaba en Sábado, el día de Saturno -el maestro del tiempo-. En la mitología germana:

El Sol es personificado como una diosa, Sunna, y el día de la semana que se entiende por Domingo, ellos lo denominaban Sunnandaeg (Sunday) significa día del Sol. Para Lunes, personificaban al dios Maní, que inglés antiguo se escribe como Monandaeg (Monday), y significa día de la Luna. Para el día de Marte, utilizaban su equivalente en el panteón nórdico, ellos llamaba a ese dios como Tiwesdaeg (Tuesday), o día de Tiw, el dios germano de la guerra y el cielo. Para el día de Mercurio, los germanos lo denominaban Wodnesdaeg (Wednesday), haciendo referencia al dios germano Wodan (Odín entre los nórdicos), dios de los dioses. Para el día de Júpiter, lo llamaban Tunresdaeg (Thursday), en referencia al dios del trueno, el dios Thor. En el día de Venus, los germanos lo denominaban Frigedaeg, en referencia a la esposa de Odín; Freya (Friday), la diosa del amor y la belleza en el panteón germánico. Finalmente, el día de Saturno, era conocido como Saeturnesdaeg (Saturday), y significa: el día del lavado. Y que podría estar relacionado con el Shabbat judío.

Mayormente, cuando alzamos la vista al cielo, no vemos nada más que nubes y estrellas. Podemos distinguir el Sol y la Luna. ¿Pero realmente sabemos diferenciar entre todo ese montón de luciérnagas atrapadas? Al parecer nuestros ancestros supieron diferenciarlo. Los nombres de los planetas con los que hoy en día los nombramos son de origen greco-romano. Pero en su día fueron asignados por los nombres de los dioses de Mesopotamia:

El día del Sol: Domingo o Sunday era dedicado al dios Sol Utu, en Sumeria, y al dios Sol Shamash, en Babilonia. El día de la Luna: Lunes o Monday era dedicado al dios Luna Nannar, en Sumería y al dios Luna Sin, en babilonia El día de Marte: Martes o Tuesday era dedicado al dios del inframundo y de las plagas, Nergal, en Babilonia El día de Mercurio: Miércoles o Wednesday, era dedicado al dios de la sabiduría y escritura, el dios Nabu, en Babilonia El día de Júpiter: Jueves o Thursday, era dedicado al dios Enlil, padre de los dioses, en Sumería, en cambio, para los Babilónicos, este día de la semana era dedicado al dios Marduk El día de Venus: Viernes o Friday, era dedicado a la diosa del amor, el sexo, la belleza, la fertilidad y la guerra, a la que los sumerios denominaban Inanna, mientras que los babilónicos la denominaban Ishtar El día de Saturno: Sábado o Saturday era dedicado al Dios agrícola Ninurta, para los Sumerios.

La palabra planeta proviene de una palabra griega planete que significa cuerpo errante o vagabundo: El cuerpo errante que vagabundea por los cielos. Cualquiera de nosotros sabiendo esto puede comprobarlo en hechos. Si contemplamos durante varias noches los veremos mudar de posición por entre las estrellas fijas del firmamento. Los otros planetas fueron supuestamente descubiertos entre los siglos XVIII – XIX d. C.: Urano en el año 1776, Neptuno en el año 1836 y Plutón en el año 1868. Les pusieron estos nombres por respeto a nuestros ancestros –o eso dijeron-, continuando así con el nombramiento mitológico que ellos ritualizaron. A medida que la tecnología ha ido en aumento -y la teoría heliocentrista calado en el colectivo-, el mapa con el que contemplamos el cielo ha ido variando -o sistema solar-. Otros planetas de similar han sido hallados en nuestro sistema solar: Eris -más lejano que Plutón- y Ceres -entre las orbitas de Marte y Júpiter-, del que los últimos estudios afirman que posee un enorme océano en su interior. También hay otros objetos similares hallados y qué aún están en procesos de investigación. Estas luminarias y posibles futuros planetas enanos son: Sedna, Orcus, Varura, Ixión, Vesta, Pallas, Hygiea y varios otros por determinar nombre.

Los 12 signos zodiacales compuestos y tenidos en cuenta en esta doctrina secreta son:

Aries, Tauro y Géminis que componen el primer orden. Cáncer, Leo y Virgo que componen el segundo orden. Libra, Escorpio y Sagitario que componen el tercer orden. Capricornio, Acuario y Piscis que componen el cuarto y último orden.

La astrología detalla los ciclos de la vida y expresa la esencia de cada uno de los números según gira la rueda de la vida. Es decir, trabajan desde el espacio y el tiempo. De ahí estos ordenes, que reflejan el principio y la siembra con el equinoccio de primavera, primer orden. El segundo orden inicia con el solsticio de verano y la recogida de tal siembra. El tercer orden con el equinoccio de otoño y la caída de lo antiguo El cuarto orden con el solsticio de invierno y el vacío o revisión que te lleva a una nueva siembra.

Todas las civilizaciones desarrollaron su propio calendario, basado en los horóscopos zodiacales. Así como los Egipcios, Mayas, nativos americanos –que lo llamaron rueda medicinal-, aztecas, chinos, celtas, etc.

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