El tiempo real no es lo que el sol señala (si no lo que las invenciones humanas dicen)
En el castillo de Crathes en Escocia, se descubrió el calendario más antiguo del mundo, datado entre el 8000 a.C. y el 6000 a.C. Este calendario era Lunar. El calendario consiste en una serie de hoyos excavados en forma alineada en el suelo, se cree que contuvieron postes de madera que hacían visible con claridad cada medición temporal. La disposición de los hoyos se alinea también con el solsticio de invierno, con lo que el sistema tiene una corrección astronómica anual con la que se podía calcular mejor el paso del tiempo y el cambio de las estaciones. Esta pieza podría ser el monumento de la historia más antiguo de las islas británicas. El siguiente calendario más antiguo, también lunar, pertenece a la civilización mesopotámica -sumerios, asirios y babilónicos-. ¿En qué consiste el calendario lunar? Es la forma de calcular los años según los ciclos de la Luna. En este calendario, un mes lunar es un periodo comprendido entre dos momentos en que la luna se halla exactamente en la misma fase -sea esta nueva, creciente o menguante- y cada mes lunar corresponde a 29,53 días solares. Pasando por nueve fases: Luna Nueva, luna creciente, cuarto creciente, luna gibosa creciente, luna llena, luna gibosa menguante, cuarto menguante, luna menguante, luna negra -acorde a la cosmovisión heliocentrista moderna, dónde el Sol es el centro de todo sistema solar, las fases lunares se deben a la posición de la Luna con respecto al Sol y la Tierra-. El calendario lunar, siempre fue utilizado para calcular ciertas regularidades en la naturaleza, como el ciclo sexual de las mujeres, o la influencia emocional que esta produce sobre los habitantes de la tierra en base a sus diferentes fases, siendo la luna llena, un punto álgido en este proceso emocional. Y es que, en el folklore, se conoce a esta luna, como aquella que transformaba al hombre en lobo.
Entre todos los calendarios establecidos -cuentas de los movimientos de las estrellas en los cielos-, los más destacados han sido los ciclos del Sol y los ciclos de la Luna -lunisolar-, y es fácil saber por qué, las dos estrellas son conocidas como las luminarias mayores, el Sol la del día y la Luna la de la noche, y se presentan como las dos agujas principales del tiempo -dividido en noche y día-. El calendario solar sería aquel calendario cuyos días indican la posición de la Tierra en su revolución en torno al sol -o la posición del Sol en su revolución sobre la tierra firme-. Un calendario solar posee un año de 365 días, que se amplía normalmente agregando un día extra en los años bisiestos. Las sociedades estuvieron regidas por un calendario lunar, o lunisolar, es decir, calendario que no solo tienen en cuanta los ciclos de la luna, sino también los ciclos del sol, que son los que determinan las estaciones. Como suele haber doce meses lunares por cada año solar, a este evento de doce lunas se le denominó año lunar. Pero los años lunares no coinciden con los años solares, cada tanto hay un año solar que tiene trece lunas, por lo que, los calendarios lunisolar, a pesar de guiarse por los meses de la luna, añaden cuando corresponde, un mes al año, que se intercala, y permite que el siguiente año solar tenga nuevamente doce lunas. Durante mucho tiempo fueron definidos calendarios acordes a los movimientos solares o/y lunares, para de esta manera seguir el movimiento del cosmos. ¿Pero, está el calendario gregoriano moderno adaptado a ese fenómeno del cosmos? ¿está nuestro tiempo realmente determinado por los movimientos del cosmos? Acorde al heliocentrismo, a veces miramos a las estrellas, o las vemos en los videos de documentales con efecto time-lapse –imagen en movimiento-, y estas parecen que se mueven, pero en realidad seriamos nosotros los que se mueven, dentro de un gigantesco vehículo de piedra que ha sido llamado planeta tierra, con un enorme parabrisas que hemos llamado cielo. Visto desde arriba del polo norte, giramos en sentido contrario a las agujas del reloj, hacia el oeste persigue el este. Pero no solo giramos, sino que también nos revolvemos alrededor del sol en un plano inclinado de 23,4 grados en relación a nuestro giro. Desde esta perspectiva, el fenómeno que conocemos como amanecer o atardecer, no se daría de la forma en que lo observamos, es decir, el sol no se acerca -o aparece por el este- desde el horizonte, para luego alejarse -o desaparecer por el oeste-, sino que es la rotación de la tierra la que te apunta directamente hacia el sol en cada amanecer, y la que te aleja de él en la puesta solar. Por lo que, cuando una cara de la tierra está mirando hacia el espacio exterior, la otra mira hacia el sol, siempre habría una cara mirando hacia el sol y siempre habría otra cara mirando hacia el espacio oscuro galáctico –el fenómeno de día y noche-. Así que, a la hora de la medición del tiempo, es muy importante el meridiano de la tierra en que cada uno de nosotros nos encontremos.
Cada meridiano está alineado hacia el polo norte y sur desde donde estamos. Es una supuesta línea de longitud en oposición a las líneas horizontales -latitudque se ponen planas cuando el norte o el sur está arriba. El sol está más elevado en el cielo al mediodía, de esta manera, nuestro mediodía particular sería cuando nuestro meridiano está directamente apuntando al sol. Lo interesante de este fenómeno, es que a partir de aquí da por finalizado el espacio temporal que conocemos como A.M. –del latín Ante Meridiem o Antes del meridiano- y comienza el P.M –del latín Post Meridiem o después del meridiano-, todas las sombras alrededor de ti apuntan directamente a uno de los polos de la tierra, a no ser que estés en un punto subsolar -el fenómeno conocido como Lahaina noon: cuando los objetos no proyectan sombra. Debido a que reciben directamente los rayos del Sol cuando este pasa sobre ellos-. Este fenómeno de ‘mediodía’ tiene un nombre técnico definido como tiempo solar aparente. Los relojes en nuestras muñecas, o el reloj del teléfono móvil no nos dice nuestro tiempo local solar aparente. Y eso sucede porque mucho tiempo atrás, nos dimos cuenta de que, si cada meridiano tuviera su propia hora de tiempo, personas a solo unos kilómetros de distancia, que ven diferentes sombras que tú, podrían desagregar contigo sobre qué hora es realmente. De esta manera, las ciudades empezaron a adaptar su propio horario. Un tiempo después, este fenómeno comenzó a estandarizarse y los tiempos por zonas, tal y como se conoce modernamente, se establecieron.
Para entender más profundamente este significado del tiempo solar, habría que preguntarse ¿Qué es un día? Según el heliciocentrismo, es el tiempo que tarda la tierra en rotar sobre sí misma. ¿Pero de acuerdo a qué? Todo en el espacio, teóricamente, se está moviendo de alguna manera también, y el universo no incluye un mapa en reposo para rastrear rutas. Lo mejor que podemos hacer es mirar hacia estrellas lejanas, tan lejanas como las diferentes características que vemos de un paisaje desde el interior de un coche en movimiento, que apenas se mueven como lo hace el coche. Así pues, fijado desde este punto distante entre estrellas lejanas, la tierra gira sobre sí misma en un periodo de 23.9 horas, este fenómeno ha sido denominado día sideral –perteneciente a las estrellas-. Nuestros relojes analógicos y digitales no están basados en este punto, básicamente porque hay una estrella cercana más importante y que afecta directamente a nuestras vidas, el Sol. La tierra no solo rota sobre sí misma, sino que también rota alrededor del sol -acorde al heliocentrismo-. Así pues, que después de un día sideral, la tierra se ha movido un poco a lo largo de su órbita alrededor del sol, pero necesitaría un poco más de rotación para que el mismo meridiano de partida apunte nuevamente hacia el sol -0.1 horas-. Esta definición de larga rotación es en lo que están basados todos los relojes modernos, y se llama día solar. ¿Pero cuánto tiempo tiene que rotar la Tierra para completar un día solar? Cambia día a día. Nuestros relojes en general solo se basan en la cantidad promedio de tiempo que esto lleva, así que a lo largo del año se quedan atrás del sol, y hay entonces que volver a fijarlos. Para poder reconciliar este fenómeno –conocido desde la antigüedad- se creó una ecuación de tiempo. La ecuación de tiempo fue aplicada en base a lo que sol decía, en orden de computar el tiempo real -24h-. Así pues, el tiempo solar sería un reloj de sol. Con el tiempo, nos cansamos y dijimos basta al tener que estar corrigiendo el reloj todos los días -no serían 24 horas, si no 23h y 56 minutos-. Entonces se dijo ‘No, el tiempo real no es lo que el sol señala, si no lo que las invenciones humanas dicen’.
Teóricamente, la Tierra está inclinada, y eso no solo afecta al día de duración, sino que también influye a cuanto de largo en el tiempo un año es. Un giro completo de la tierra alrededor del sol se llama año solar y está representado por las cuatro estaciones: otoño, invierno, primavera y verano. Debido a la inclinación de la tierra, la cantidad de luz que llega a la superficie no es equitativa en el mismo lado giratorio. El problema de cuenta, es que el número de días solares que ocurre en un año solar no es un numero entero, es casi 365 días así cada año hay un desfase de un ¼ de días y cada cuatro años hay un desfase de 1 día completo. Así que, si el calendario tuviera solo 365 días y 12 meses, como el egipcio, a lo largo de los años se desviará estacionalmente y nunca volverá a coincidir el día. Julio cesar se dio cuenta de este lapso en el calendario Egipcio, así que ordenó el calendario juliano en el año 46 a.C. En el añadió esta corrección por medio del año bisiesto. Aun así, este no es perfecto, porque lo único que está haciendo es crear un bucle partiendo de un cálculo no perfecto como el año solar, para que el desfase no se incremente. El año bisiesto es como poner un parche a un agujero, no deja de estar el agujero, pero nadie lo ve. Todo y así, cuatro años no hacen exactamente 1 día completo de lapso en el tiempo. Pues un año solar no son 365, son 365,242181 días. 365 días 5 horas, 49 minutos y 12 segundos. Así que añadir un día cada cuatro años es un poquito demasiado. La regla por la que se regían los años bisiestos generó un retraso de 10 días en el calendario civil respecto al calendario astronómico. El Papa Gregorio XIII dictó, el 24 de febrero de 1582, la bula Inter Gravissimas, por la que entró en vigor el calendario gregoriano. Esta establecía que el 4 de octubre de 1582 se daría un salto en el tiempo y se convertiría en el 15 de octubre de 1582. Además, se fijaba que habría un año bisiesto cuando el año en cuestión fuera múltiplo de 4, con excepción de los años múltiplos de 100 -exceptuando a su vez los múltiplos de 400, que sí que serían bisiestos-. En total, el calendario gregoriano fijaba 97 años bisiestos cada 400 años, en lugar de los 100 que marcaba el calendario juliano. El calendario se adoptó inmediatamente en los países en los que la Iglesia Católica tenía influencia, mientras que los países protestantes, anglicanos y ortodoxos postergaron su implantación durante años o incluso siglos, todavía algunos continúan llamándolo calendario juliano, para no reconocer la autoridad del Vaticano de Roma.
El calendario gregoriano -solar-, considerado como oficial a nivel global, no logra tampoco una concordancia perfecta entre año civil y año astronómico, ya que la velocidad de rotación y de traslación de la Tierra se va ralentizando y obliga a revisar las fechas una vez cada 3.216 años. Nuestra fecha de nacimiento, está adaptada al calendario gregoriano, que es el más expandido y utilizado por el mundo actual. Su nacimiento lo marca la presencia de Jesús de Nazaret, siendo la figura de este la que dio inicio al Año 1 después de Cristo. Pero no es el único calendario moderno que señala cronología diferente. Para el calendario judío nos encontramos en el 5775 desde el patriarca Abraham, y a su vez, para los musulmanes estamos en el 1435 desde el profeta Mahoma. Y no acaba aquí, para los Hindús y Chinos, estamos en el año 1936 y /o 4650, respectivamente. Lo cual nos indica, una vez más, que el tiempo es relativo e ilusorio, programado por mentes que pretenden establecer su plan o realidad.